lunes, 31 de octubre de 2016
Mirarte fue el deshielo.
nostalgia y ceniza en la cama;
los restos de un incendio provocado;
las ruinas que quedan
cuando un castillo es asaltado sin piedad;
un poema cansado
en forma de papel arrugado
en la papelera de cualquier oficina gris.
Tú eras un paseo por el campo,
un día de marzo,
el olor a caricia
sobre la hierba recién cortada;
el abrazo de bienvenida
en la terminal vacía de un aeropuerto;
eras la hora del recreo,
la tarde del viernes,
las vueltas a casa después del trabajo;
también eras los sábados por la noche,
el gol del colo colo en el último minuto,
el polvo de reconciliación
de todas esas discusiones
que en el fondo solo son excusas
para encontrar nuevas formas de quererse.
Esas eran nuestras credenciales
mucho antes de presentarnos.
Entonces,
un día de otoño,
sin cartas y sin manga cautelosa,
te acercaste a mí con esa ternura
que sólo tienen las personas que saben amar.
Me lamiste la tristeza
y nevaste sobre mi espalda tiroteada;
cosiste con la paciencia
de quien cree lo que espera
las costuras rotas de mi pelo,
llenaste mi almohada de buenas noches
-y mejores sueños-
al descansar tu cabeza sobre ella.
Empecé a acompasar mi respiración
a tus latidos,
y la música
la música empezó a tener sentido.
Un tiempo después,
una mañana de esas en las que el Polo Norte
se concentra en toda la ciudad,
te observé descansar agotada y en paz
sobre mi cama
mientras escuchaba llover a través de la ventana.
Y, de repente, perdí el frío.
Fue así, mirarte fue el deshielo.
Te contemplé
y vi cómo se reconstruía la primavera en mi vida.
Las cuatro paredes de mi habitación
se abarrotaron de esas margaritas que sólo saben decir que sí.
Te despertaste
y se me llenaron los ojos de pétalos.
Me miraste y te pregunté:
¿Qué has visto tú en mí?
Entonces,
con una media sonrisa, contestaste:
Un arbolito en medio de un campo en ruinas.
domingo, 23 de octubre de 2016
Instrucciones
pero no tanto como para empezar a restarle al deseo.
El amor no solo debe de estar en los cuerpos
también en el espacio que los separa.
Que el aire que respiras te sepa ella,
de un modo tan profundo
que tengas la sensación de estar besándola
pero sin el beso.
Lo primero es quitarle la Blusa
pero no con la violencia con la que se abre un regalo
suave, como si algo pudiera explotar allí dentro.
Luego le tocaría al sosten
y el click debe sonar como un acorde
que el sonido te recuerde al comienzo
de su canción favorita.
Intuyo que debe ser muy difícil
ignorar su espalda desnuda
pero haz un esfuerzo.
Lo siguiente es recogerle el cabello
hasta que su nuca parezca un espejo.
(Si ya lo tiene corto es un paso que te ahorras
y yo lo envidio)
Suspira cerca de su cuello,
esto no hace falta que lo memorices
en estos apartados confío ciegamente en la inercia.
Acto seguido, también por inercia,
visita su oído izquierdo
(el derecho si prefieres que te gobiernen los malos),
Ni se te ocurra soltar allí un diminutivo,
de hecho lo mejor es que no hables
solo deja que tu aliento golpee sus paredes internas
como si estuvieras amurallando su alma contigo dentro.
Asegúrate (y esto es importante)
que los vellos de sus brazos
sueñen con que vuelve el verano.
Y el verano lo traigas tú
cuando sea necesario.
Túmbala boca abajo en la cama
y aunque esté quieta,
su cuerpo debe parecerte
un tren que se marcha sin ti,
observarla como se observan las estrellas fugaces,
o los helados de coco a través de una vitrina.
Humedece la punta de tu lengua
y déjala resbalar desde el principio del cuello
hasta el final de la columna.
Que le hagas pensar en lo hermosa que puede ser la lluvia
si tú eres el culpable.
Repite el mismo acto hasta que sus piernas
se abran ligeramente dibujando sobre el colchón
un triángulo perfecto,
que parezca que está amaneciendo en el espacio que sobra
entre tu boca y su vulva.
Arráncale los calzones es necesario
que note cuánta hambre te despierta
ahora lo sutil es de cobardes.
Y lame desde el culo hasta sus labios,
con labios imagino que me entiendes
si no es así olvida lo que he escrito.
Y vuelve a empezar desde el principio
desde el cuello hasta la orilla de sus piernas
y si sube la marea grita su nombre,
aún es demasiado pronto para los naufragios.
Lo justo es que sea ella quien se gire
y abra más sus piernas todavía,
lo lógico es que acabes de rodillas
que ella sea la dueña de tu aire
y tú el capitán de sus gemidos.
También puedes jugar con su deseo,
dejar la playa húmeda y vacía,
bajar a los tobillos de repente,
lamerle por detrás de las rodillas,
morder con suavidad en los gemelos,
hacer como que subes pero bajas
girar a la derecha de su pubis
(la izquierda si prefieres que te gobierne la duda)
coger la recta amplia de su ombligo,
subir por la avenida de su vientre,
dejar en sus pezones tu saliva,
buscar en sus axilas un tesoro,
dar vueltas y vueltas
como un turista que se pierde
hasta que sean sus manos las que griten
el verdadero camino.
Es cierto que corres el riesgo de morir por asfixia
pero tampoco se me ocurre ahora mismo
una muerte más dulce.
Si aún respiras, que eso espero,
deja que sea ella la que imponga el idioma,
que su garganta te muestre cuanto amor le cabe dentro,
que sus ojos te cuenten lo que hace con la lengua
y su saliva presuma del sabor de la victoria.
Y nunca jamás digas te quiero
cuando el amor es un acto
no necesita palabras.
Ya carece de importancia la postura,
que si arriba, que si abajo, que si en pompa,
verticales imposibles o acrobacias,
que si en peso o en el suelo como perros.
Lo importante es ser injusto con el mundo,
esa amnesia que sucede con los besos,
que te olvides de la guerra en Palestina,
de las bombas en Irak, de la pobreza,
lo importante es que no exista en las noticias,
que su boca te parezca el fin del mundo
y su lengua el comienzo de otra vida.
Lo importante es que no sepas de nostalgia,
ni de listas de la compra o de recibos,
que no haya más vecinos que sus tetas,
que futuro solo sea una promesa
y promesa una mentira innecesaria.
Lo esencial en el amor es que se ría
y si hablo de reír hablo de orgasmo.
Que si ahora más profundo y hasta el fondo,
que si deja de mirar como una puta,
que si no puedo aguantar si tú me miras,
que si te voy a escribir mi nombre dentro
que no se olviden de mí ni tus ovarios.
El abrazo del final y los suspiros
el no te salgas de mi cuerpo todavía
la eternidad anclada en otro beso
el no saber si has estado follando
o acabas de volver del paraíso.
domingo, 16 de octubre de 2016
AMORRR MIOO QUE ME HAS HEeeeeCHOOOOOO
En menos de tres años tú me has dado vuelta y vuelta. Me miro y no me reconozco. Y me gustaría explicarme mejor, pero no puedo, la verdad que no sé. Tan sólo sé que la resta entre lo que soy ahora y lo que era es mucho más que positiva, y también que tiene una principal responsable. Así que no te me escondas con otra caidita de ojos y confiesa. Qué has hecho conmigo y con todo aquello de lo que yo me solía quejar.
Qué has hecho con mi nostalgia. Qué has hecho con mis noches en vela preguntándome por lo que pudo ser y no fue. Qué has hecho con lo que me gustaba a mí dolerme al recordar. Al llorar mis penas, que para eso eran mías. Porque las regaba cada día a base de lágrimas de usar y tirar. Qué has hecho con mi pasado que ya no me parece más que un telonero de esto que tenía que llegar.
Qué has hecho con mi frase fetiche. Crecer es aprender a despedirse. Que parece que de pronto sólo sea válida para los demás.
Qué has hecho con esta sonrisa que ya no se me cae de la cara. Que me paseo por la vida con esta cara de idiota que se suma a la que ya tenía, que no estaba mal. Yo que siempre me tuve por un tipo serio y frió, y mírame ahora. No hay día en que no me descubra haciendo el payaso con el simple objetivo de estirar tu boca y mirar una vez mas tu sonrisa.
Qué has hecho con mi vergüenza. Que no es que la haya perdido, es que me río de ella cada día más. Qué me has hecho para que me de todavía más igual el qué dirán. Cuando uno tiene algo tan bonito entre manos, no necesita la aprobación ni el juicio del otro. Simplemente, lo disfruta, sin más. Y quien no lo entienda, pues para él toda nuestra lástima, y desearle que lo llegue a descubrir en esta vida, ojalá.
Qué has hecho con mis ojos, que ahora ya sólo buscan los tuyos en medio de cualquier reunión o cualquier lugar, como la proa que busca el faro en plena tempestad. Y eso cuando no estás hablando, porque cuando pronuncias alguna palabra, la que sea, entonces ya pierdo totalmente el norte y no puedo ni quiero evitar tu boca y tu lengua, acariciando y jugando con cada sílaba antes de dejarla en libertad.
Qué has hecho con mis amigos, que me amenazan todos diciéndome que pobre de mí que la cague contigo. Que me observan insistentemente como advirtiéndome que más me vale cuidarte bien. Como si ellos supieran lo que yo sé. Porque seguramente lo saben desde mucho antes que yo.
Que yo antes no me gustaba nada de nada. Y sigo sin gustarme, francamente. En eso, es en lo único en que todo sigue igual. Pero si hay algo de mí que parece que te ha gustado, quisiera seguir teniéndolo por siempre. No sé lo que hice en esta vida o en otra para merecerte, pero me gustaría saberlo lo antes posible para hacerlo las veces que hiciera falta y retenerte aquí conmigo.
Si alguna vez me dejas —que me dejarás— hazme un favor y jamás me vuelvas a dejar como estaba. Me has mejorado por dentro y por fuera, te me has bajado mi última versión y este hardware ya no quiere ser compatible con un software anterior al nuestro.
Hoy te disfruto sin pensarlo, porque como lo piense, seguro que me pongo nervioso y dejo de hacer lo que sea que hago para hacerte feliz.
Qué has hecho conmigo, que nos has unido tanto.
Qué has hecho conmigo, que ya no sé qué hacer sin ti.
miércoles, 20 de julio de 2016
Dudaran si han amado.
justo detrás de su nuca,
como se le enrojecen los pómulos
si los besos son con lengua.
Les podría relatar como se le abren los ojos
cada vez que se arrodilla,
o como se le cierran los puños
cuando quiere para siempre.
Podría describir sin reparo
su gemido cuando llueve,
o el lugar exacto donde cosquillas
se parece a ser feliz.
Confesar que entre sus piernas
hay más amor que en mil bodas,
resumir con su presencia
la belleza de este mundo.
Advertir que su lengua
es una gata asustada,
que su escote un laberinto,
que su vulva vacaciones,
que su abrazo libertad.
Comentar que cuando anda
descalza por los pasillos
con sus calzones de encaje,
con el cielo de la boca
perfumando de café
los sueños que ya no duermo
porque los vivo despierto,
soy tan feliz que podría
prometerle amor eterno
y eternizarla después.
Podría también convencerlos
de que su culo es poesía,
de que no hay verso que pueda
compararse a su cintura,
ni folio en blanco que corte
más que el frío de su ausencia,
ni libro que muestre tanto
como su espalda desnuda.
Podría describir su belleza
de un modo tan exacto,
que hasta el último de ustedes
en un ataque de amor
también tendrían que amarla
y de un modo tan intenso ,
que antes de este poema
dudaran si han amado
como ahora la amo yo.
Podría pero no puedo,
porque la tengo tan cerca
que tengo atadas las manos
al futuro de sus pechos
y tengo anclada la boca
al presente de sus labios.
Supongo que sabrán disculparme
este bendito silencio.
martes, 10 de mayo de 2016
Para mi Claudia :)
Me hace el amor con la mirada,
me hace el amor en cada uno de mis sentidos.
- Tantear su tez, bien podría asemejarse a rozar el cielo.
- Escuchar "oscar" de su garganta me atraviesa la vida.
- su aroma es la droga más exquisita jamás encontrada.
- Saborear su boca hace de mi paladar algo delicioso.
- Y mirarla... mirarla es la octava maravilla del mundo.
Sonríe, entorna los ojos, brilla su ser,
y yo... yo me bajo del mundo.
Te diré algo: si he de elegir mi postura favorita para hacer el amor, esa es tu risa...
Como si provocara un milagroso conjunto de reacciones químicas en mí,
como si adivinaras la temperatura a la que asciende mi sangre cuando me soplas.
Me hace el amor en cada nervio
en cada arteria.
Con el calor de tu risa,
con la ternura de tus huellas dactilares,
con la ansiedad de mis uñas,
con la humedad cristalina de la punta de tu lengua.
me hace el amor con cada sístole del corazón,
con cada diástole,
con cada frustración y deseo.
jueves, 4 de febrero de 2016
Follarte es estar dentro del poema.
y donde ella aseguraba que sobraban kilos
yo juré que le faltaban besos.
Podríamos haber hablado de frío
a tres metros de distancia,
ignorar tiritando de deseo
cuantos veranos nos caben en los brazos.
Coser enero en el quicio de la puerta
e intentar descifrar los suspiros,
si nombrarnos nos sabe
como un beso en la boca.
No he llegado a saber el verdadero significado de la sed
hasta no sentir tus manos acariciarme la nuca.
De rodillas el cielo queda a la altura de la lengua.
Tus muslos se abren
como quien abre un paréntesis,
como quien cierra un pasado.
Podríamos habernos sentado a hablar de la lluvia,
observar con la inocencia perdida
nuestro reflejo en los charcos
pero decidimos ser los dueños
de la próxima tormenta.
Desnuda pareces una playa
donde naufragan las islas.
Gimes y toda la habitación baila
como si tuvieras en la garganta
los acordes de mi vida.
Como si la música no existiera sin tu boca.
Traduzco tus suspiros al idioma del deseo
y toda mi existencia se resume a tus labios.
Follarte es estar dentro del poema.
Nos leemos despacio,
tienes adjetivos en las caderas
que aún ni conocía.
Voy a llenarte la vida de palabras esdrújulas,
los sueños de verbos en futuro perfecto,
las manos de puntos suspensivos,
los ojos de signos de exclamación.
Y voy a cerrar el paréntesis después de tu nombre.
Como quien cierra una estrofa.
Para quedarnos dentro.
para mi flaca hermosa.
jueves, 21 de enero de 2016
Tarde, como siempre
Creo que era tu compañía lo que la hacía buena.
Se va a quedar a medias, como mi vida.
Estoy anclado en un capítulo que se repite,
despierto y no estás,
lloro sin lágrimas
y digo algo en voz alta sobre el fracaso.
Luego me masturbo,
nunca pienso en ti,
me da vergüenza manchar el amor.
Sin ti soy una abeja en una flor de plástico.
Lo jodido es cuando uno echa de menos
esas cosas que antes le ponían enfermo.
Tus retrasos, por ejemplo.
Ahora me visto y añoro hasta el dolor
de no tener que esperarte.
A veces, incluso, me siento en el sofá
y calculo de memoria cuánto tardabas
en alisarte el pelo,
o en colocarte tres vestidos
para acabar poniéndote el de siempre,
solo entonces salgo a la calle.
También es sin ti,
pero el reloj no lo sabe.
De vez en cuando le doy al play a mi vida
y te quedas tirada en mitad del destino
y vivo sin ti y muero por otra
y ensucio tu nombre con otra saliva
o hinco mis piernas al sabor de otras olas.
A veces sonrío aunque no lo creerías,
o canto en la ducha y le bailo al espejo
y digo te quiero después de un orgasmo
o hago promesas que no cumpliría,
a veces parece que tú no existieras.
Luego rebobino y apareces de nuevo.
Pidiendo disculpas,
rogando una copa,
diciéndome aquello de amor para siempre,
jurando que nunca te irás de mis labios,
dejando tu olor pegado a mi cuerpo,
lamiéndome heridas que llevan tu nombre.
Yo le doy al pause antes del te amo
y vivo una vida que ya no es la mía.
No se puede evitar lo que nunca se olvida.
Por eso estoy aquí, sentado en el sofá que tú misma elegiste,
con toda la impaciencia que me cabe en el pecho,
vestido de idiota para un cumpleaños cualquiera
fingiendo que aún vas por el segundo vestido,
el cabello rebelde
y un espejo farsante.
Y que vamos a llegar tarde, como siempre.