domingo, 8 de diciembre de 2019

Despedidas.

La primera vez que nos vimos nos abrazamos con tantas ganas, que no cabía ni el aire entre nosotros. Un abrazo de chimenea, de chicle en la boca, de panqueques enroyados al fondo de la cocina. Se fue sin irse, pues su olor se había apoderado de toda mi ropa, incluso dormí con la misma polera aquella noche. Luego como cualquier amor inacabado la polera, fue a parar a la ropa sucia. Y con la polera ella y con ella yo.
Nos vimos meses después, según ella era el mismo perfume pero al irse, no dejó ni rastro. Fue efímero como el amor a los dieciocho. Cambio de perfume alguna vez, otras se echó una cantidad desproporcionada. Pero jamás volvió aquella sensación de que al marcharse, no se había ido, de que al alejarse, aún la tenía en los brazos.
Ella dejó de venir, yo de esperarla y supongo que nos olvidamos, como se olvida la letra de una canción, o el nombre de un libro que has dejado a medias. No se puede querer aquello que no se echa de menos.
Hoy nos hemos visto, esta mañana, cinco años después de lo nuestro. Ha sido una de esas casualidades en las que uno no cree hasta que suceden. Nos hemos reconocido al instante y como si la nostalgia nos hubiera puesto una pistola en la sien a cada uno, nos hemos abrazado como el primer día. Un abrazo de chimenea, de chicle en la boca, de panqueques al fondo de la cocina.
Luego nos hemos despedido. A ella le brillaba un anillo en el dedo y a mí me temblaba otro nombre en la boca. Pero al irse, al alejarse de mí, me he percatado que seguía exactamente en el mismo sitio del abrazo. Era tal el perfume en mi ropa, que por un instante me he querido como nunca quise a nadie. Luego después del tercer suspiro me he sentido totalmente estúpido al darme cuenta, que nunca la magia de lo nuestro estuvo en su perfume, si no en el abrazo.

martes, 1 de octubre de 2019

Si alguien me ve

Si alguien me ve vendiendo mis principios en twitter,
buscando la fama en la basura de otros,
necesitando el aplauso, la palmada en la espalda.
Si alguien me ve alquilando el mar en calma,
sonriendo al enemigo,
pintando los sueños del color de otros ojos,
si alguien me ve llorando hacía dentro,
pidiéndole al futuro que no tenga prisa,
o al pasado memoria.
Si alguien me ve tarareando la canción equivocada,
votando más allá de una papeleta en blanco,
pidiendo perdón antes que permiso,
un jugo de naranja en el desayuno
o lechuga en la cena.
Si alguien me ve en alguna multitud amistosa,
en el concierto equivocado,
visionando sin puta idea cine iraní,
interrumpiendo la voz de mi madre,
desvelando secretos,
alabando las tetas siliconadas de la flaca de turno,
el culo de cualquiera que no se llame como tú.
Si alguien me ve sonriendo demasiado,
extremadamente lejos de la orilla,
demasiado alto en el paisaje,
pidiendo deseos a estrellas fugaces en lugar de a tu boca,
cumpliendo promesas en papeles,
en lugar de en tu vulva.
Si alguien me ve en el bar equivocado,
de esos donde parpadean las luces de colores
y todas las mujeres tienen nombre de cóctel,
o rogando clemencia a una diosa con tacones,
o buscando el suspiro más allá de tus nalgas.
Si alguien, cualquiera, me ve peinado a la moda,
en un puto gimnasio,
en un estúpido poema,
oliendo como huelen los hombres,
sintiendo como sienten los hombres,
si alguien me ve siendo un hombre,
pidiendo un taxi después de un orgasmo,
un número de teléfono antes del amor,
o un amor antes de un taxi.
Si alguien me ve, quien sea,
incluso tú que ya no me miras,
matando mi infancia al soplar las velas,
creyendo en el destino cuando es casualidad,
fingiendo casualidad al planear mi destino.
Llamando último tren a otro tren que pasa,
morirme de amor o de miedo,
pluralizando mis errores,
midiendo mi ego a través de una garganta,
mi hambre al vuelo de una falda,
mi sed al botón de un escote.
Si alguien me ve y ya no importa,
cuanto odio nos una
o cuanto amor nos separe,
haciendo equilibrios por las calles
que no dan a tu casa,
malabares con las pecas de una cajera del super,
impidiendo el bello desastre de un beso en la boca,
el caos eterno de un -Hola cuanto tiempo-
en otro cruce de acera.
Si alguien me ve evitando una lágrima
o fingir una sonrisa,
no quejarme de nostalgia
cuando pienso en mi padre,
evitar el saludo a un "amigo" de tantos
o envidiar sanamente el triunfo de otro.
Si alguien me ve que lo diga,
que me avise,
que me llame,
que me encuentre.
Porque empiezo a estar jodidamente cansado
de ser invisible.

lunes, 26 de agosto de 2019

Lejos como la luna.

Te odio, te odio como se odian los domingos por la tarde,
o las canciones en bucle que oyen los vecinos,
te odio como odian los cumpleaños las actrices de hollywood,
como se odian las verdades en los hospitales
y los chistes en los velatorios.
Te odio, porque cada vez que miro la luna...
Pienso en una historia de amor que no fue capaz de clavarse en la superficie.

La mujer que contesta a tu teléfono una y otra vez
repite como un eco la misma frase
(el número marcado no existe)
- ¿ Si no existe porque lo tengo en la cabeza? Le grito.
Pero ella desaparece.
Supongo que no tiene esa respuesta.

Me hiciste creer en el amor a primera vista, pero apenas tiro de la cuerda, levemente  desapareces,
te traga la oscuridad de un viernes que amanece por inercia,
frío, como si el invierno hubiera decidido quedarse
mientras tu te marchabas al otro lado de la luna. Siempre pensé que la luna no estaba tan lejos.

Los rayos de luz que entran sin permiso
por los agujeros de la persiana
dibujan tu silueta en la pared.
Eres un montón de puntos amarillos,
pequeñas estrellas vomitadas por mi nostalgia,
creando una imagen de ti
que ni siquiera mereces.

Me miran los cuchillos afilados de la cocina
con la envidia de una herida que no les pertenece.
Tiemblo como una taza de café en la encimera
esperando madrugar entre tus labios.

Mamá dice que no hay nada más terrible
que llorar hacía dentro.
Que cada lágrima que no soltamos
llena un vaso invisible que tenemos en el alma
hasta que llega el fatídico momento que el alma se ahoga.

Mamá no tiene alma desde que murió mi abuela.
Y yo voy camino de ser una isla en mitad de una playa
donde nunca baja la marea.




lunes, 15 de julio de 2019

hoy me preguntaban que me gusta de ti.

He amado tus pecas. Tus ojos y ojeras. 
He amado la forma que tienes de irte, 
y de mirarme como si me matases, antes de cerrar la puerta. 
He bailado contigo, he llovido a tu lado. 
Me he acostumbrado a que nunca me acostumbres del todo, 
por ser cada día distinta, sin ser otra.

Te he hecho el amor en cada estación del año y cuando sonríes, 
aún me pellizco en secreto, para ver si estoy en algún sueño. 
Y, al final, he entendido que no hay suficiente poesía en el mundo para hablar de ti. 
Que tú formas parte de un instante 
que apenas dura un segundo y que ocurre constantemente.
Eres inexplicable, como casi todo lo que nos hace felices.

Vas y vienes, te paras, ríes, me pides un beso, lloras, tapas tu cabeza con la sabana
mientras duermes.
Te abrazo por la espalda y te apartas el pelo, me tomas la mano y la aprietas con fuerza.

Alguna vez me dijiste, que los finales felices, 
solo son para esas personas tan tristes...
que son incapaces de disfrutar de la historia, 
por que lo importante es el camino... 
lo que vemos, el cielo azul, las nubes 
y el olor de la calle después de una tormenta.

Tu espalda, tus rodillas y tu barbilla, tus ojos cafés... 
que son como las hojas que nos regala el otoño.

Tus besos con lengua, tus besos, tu lengua...
y cuando aveces estas triste y agachas la cabeza y entonces
me acerco y te digo que estoy ahí... contigo,
que estoy en cualquier parte a tu lado,
-Estamos en esta mierda juntos-
luego levantas la mirada y al verme te brilla,
y te juro, te prometo que el secreto del amor, 
no es amar las cicatrices del otro, sino de ayudarte a amar las tuyas.

Yo no puedo cambiar el mundo, pero si me dejas, lo decoro
de tal manera que te parezca hermoso.


Para Claudia, la mujer que amo.

Le llamaban Ruina.

Estaba tan rota, que le llamaban Ruina.

Tenia esa forma...
Especial de dejarse llevar por el viento
con el vuelo de su falda,
y colarse en los pulmones de alguien, para dejarle sin respiración.

Pasaba desapercibida para todos aquellos que no creían en la magia.

Pero, aunque no lo sabia...
Era la chica a la que todo el mundo querría hacer feliz.

Como no tenia a nadie que le vaciara la luna en la copa...
Cuando el vino se acababa, tapaba sus heridas y nunca
se las curaba.

Creía que la única forma de no tener  cicatrices...
Era conseguir que todas esas heridas se mantuvieran abiertas.
Asi que por las noches se autodestruia en su cabeza...
pensando que nunca seria lo suficientemente buena,
como para bailar al son de alguien sin pisarle los pies.

Escribía, o mejor dicho:
Saltaba a todos los precipicios construidos en papel.
Lo que para el resto era un vacío...
Para ella era un hogar.

Tenia los ojos del color del frió y la misma mirada de
la soledad que le acompañaba.

Y en el corazón le latía una melodía...
que nunca nadie le había sabido descifrar.

Sufría por todos y no lloraba por nadie en especial,
sino como puede hacerlo una nube en mitad de una tormenta...
Suspiraba como puede hacerlo el viento cansado ya de respirar.

Pero ante todo, se movía inquieta con los nervios a flor de piel
como si se le hubiese colado dentro la primavera,
como si le estuviesen saliendo las alas...
y ella solo desease echar a volar.

A la hora de actuar, tenia valores y razones
que nadie entendería jamás.

Contaba las estrellas y -cuando se perdía-
lo volvía a intentar, como si estuviese segura de
guardar todas y convertirlas en un cofrecito hecho canción.

y es que lo que mejor se le daba...
era soñar.

Para mi amiga Fran...
a la que antes le llamaban ruina, pero que ahora sus alas,
le están enseñando a volar.

te quiero.

















lunes, 21 de enero de 2019

Que es morirse dos veces?

Que es morirse dos veces?

Han caducado todos los yogurt,
las medias lunas y esas galletas
con sabor a tierra que no quería
ni el perro del vecino.
Quedan tres sobres de ibuprofeno
y aunque a menudo me duele la cabeza
mi mano se frena en el acto
que recuerda tus terribles jaquecas.

A buenas horas he encontrado el lugar
donde guardabas el chocolate.
Ahora que todo lo dulce produce nostalgia
y toda la nostalgia te trae de vuelta,
como una ola que en lugar de romper
vuelve al punto de origen
e imita el movimiento tantas veces
que todo el mar depende de ella.

Han crecido nuevos geranios en la terraza
y el cactus me sorprendió con una flor preciosa
que murió al día siguiente,
como si sin haberte conocido
te hubiera echado de menos.

El paisaje tras las cortinas es el mismo
pero sin ti parece que lo ha garabateado
el niño hiperactivo de la vecina de arriba.

He metido tus libros en una caja de cartón
que ahora duermen bajo la cama,
consiguiendo así que Bukowski
no se retuerza en su tumba,
por estar rodeado de esa prosa barata
que te hacía soñar con hombres
que el nunca podría haber sido.
Ni yo quise.

La casa parece el principio de una tregua,
aunque haya mas paz en el centro
de un centro comercial en rebajas,
que en cualquier pasillo que te vio desnuda.

Tus notas en la nevera bostezan de abandono.
A veces me llevan a una huelga de hambre
y otras al insulto más bello.
Mamá dice que debo arrancarlas cuanto antes
pero tengo miedo de no saber quién soy,
si tú caligrafía de reina de las curvas
no me lo recuerda.

Es similar a esa estupidez que hago los fines de semana
cuando rocío con vehemencia
algunas habitaciones con tu perfume,
como si pudiera engañar al pasado
con tres toques de spray.
O lo de abrir tus cajones para que tu ropa interior
fotografíe en mi memoria alguna escena,
donde eras más diosa que puta
y más puta que bella
y más bella que nadie.

Lo peor son la noches.
La oscuridad comiéndose el ruido lentamente,
algo en la tv de fondo por si me pongo demasiado triste,
las mantas sobre el sofá que ocupabas
cuando necesitabas destripar los pensamientos
y el frío eran dos cuerpos lejos del abrazo.

Lo jodido es la madrugada
que ha perdido la luz al final del túnel.
La sed que solo calmaría un beso
o el hambre reducido al aroma de tu vulva.
Contar una y otra vez las manchas del techo hasta dormirme,
viajar sin moverme un centímetro
hacía un perdón que no llegara nunca,
o llegará tarde.
Desear que la vida te vaya de puta pena,
porque la pena es puta aunque no nos cobre.

Lo terrible es vivir sin saber si me he muerto
y si digo morir me refiero a tu vida.
No a la muerte que dejas en tu ausencia infinita,
si no a la vida que robas para morirte por otro.
Que es morirse dos veces
sin vivir una vida.

La de matarme conmigo.
Y la de morirme sin ti.