jueves, 27 de noviembre de 2014

Sólo se admite a niños y a mayores con héroe

TENGO TREINTA años y da un poco de vergüenza decirlo, pero todavía quiero ser un héroe. A una edad en que la gente presume de autos, deptos y dos niñitas, cada una con su muñeca Bratz en la mano, yo sigo defendiendo a mi héroe, lo alimento y lo manipulo, le invento sueños para sobrevivirlo.

Mi héroe. Mi adorado héroe. No me hace falta concluir el sueño, claro: me basta con desearlo, tenerlo ahí mismo, cerca de mí, en el eterno volando o al alcance de lo imposible. Ya sé que todos son humildes, ya me lo han dicho y puesto por escrito, y por eso me hacen sufrir tanto: porque tienen freno, porque son escritores sin héroe, porque lo han matado. ¿Y por qué el asesinato, y qué mal les hizo, y con qué derecho?

Cuando el rebaño santiaguino sale a la calle con el seguro a todo riesgo y pide en los bares su habitual cerveza de doble airbag, yo me reúno a solas con mi héroe y me pongo a soñar. Nada más que eso es una persona con héroe: alguien que sueña en niño y en grande con toda la seriedad del mundo. Mi héroe me dice, por ejemplo, que algún día daré un recital en Wembley con Leonard Cohen. Que llenaré el Madison Square Garden a dúo con Patti Smith. Que haré un graffiti de quince metros de ancho en la Casa Blanca, justo en el despacho oval, aprovechando un despiste de los guardaespaldas de Obama. Que escribiré un libro de versos traduciendo los maullidos de los gatos (porque los gatos maúllan en verso, sobre todo los azules). Que escribiré a tiza en la Muralla China mi historia de amor (si hago la letra pequeña habrá pared suficiente). Que retaré a Usain Bolt a una carrera: la velocidad de sus piernas contra la velocidad de mi fracaso. Que daré una conferencia tumultuosa con un título imposible: “Analogías entre el militarismo nazi y la poesía endecapléjica”. O que en todos mis actos, en la puerta de entrada, lucirá esta advertencia: “Se prohíbe la entrada a perros y personas humildes”. O esta otra: “Sólo se admite a niños y a mayores con héroe”.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Otro camino.

Uno rara vez encuentra el camino correcto. Incluso en él se cuestiona mientras lo transita si de verdad es ese. En el error absoluto es donde la duda deja de existir. Nunca en el acierto. Porque uno desconoce que había en el otro lado y es imposible la comparación. Cuando me quedé sin ti era tan enorme la tristeza que supe que había errado. Cualquier otro sendero era más feliz. Incluso los atajos. Hasta el quedarse quieto en mitad de la nada. A veces todavía me culpo por ello. No hay nada peor que elegir y saber que te has equivocado. Ojalá hoy tuviera la duda de que tal vez había otro camino mejor. Porque sinceramente contigo, hasta la duda era hermosa.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Nunca he vuelto a sonreír como lo hacía contigo.

Hablamos del pasado como si ya no nos pudiera hacer daño. Cara a cara, sin la aparente necesidad del beso, enumerando los problemas en los que la vida nos sostiene ahora. Recuerdo que cuando decidimos terminar ambos nos deseamos lo mejor, como si en el amor fuera posible el empate. Nos han pasado los años por encima, creo que si pudiéramos los dos aceptaríamos sin pensarlo demasiado volver a aquel junio, que más que el comienzo de un invierno, nos pareció el suicidio de una primavera.

Ya no te brillan los ojos, no eres la mujer más bonita del mundo, ni tu sonrisa se cuela por las grietas de mi alma, para hacerme cosquillas por dentro de la piel. Ya no tengo un ejercito de hormigas, ni soy el capitán de tus vellos de punta. Tampoco soy el mismo, mi mirada ya no tiene fuerza y hallo siempre más emoción en aquello que imagino, que en todo lo que veo. Nunca he vuelto a sonreír como lo hacía contigo, mis manos perdieron el tacto de tanto buscarte en otros muslos y supongo que mi voz es más triste desde que no digo tu nombre.

Hablamos del futuro, como si tuviéramos resaca. Con los planes dormidos en un andén, escribiendo con las manos manchadas de errores un destino que no nos pertenece. Dejamos nuestras sombras al borde de alguna cuneta y nos despedimos con cubitos de hielo en los labios. Supongo que ni siquiera hemos sido capaces de reconocernos. Que hemos sentido el miedo de una edad, que ya no sabe perdonar nuestro fracaso. Que si volvemos a imaginarnos juntos, no podríamos ser esto que queda de nosotros, si no aquello que fuimos hace tiempo. Que la memoria es el único lugar donde podríamos ser felices otra vez.

Nos deseamos lo mejor en aquel entonces pero nos amábamos todavía demasiado para ser sinceros.

Y así nos va, supongo.

domingo, 16 de noviembre de 2014

la ignorancia absoluta.

He pensado en ella riendo con otro, nunca lo había soportado, hoy si. Me negaba a que pudiera ser feliz si no era yo el culpable, me torturaba que tuviera un orgasmo lejos de mi nombre, me mataba imaginar que alguien le hacía cosquillas en sus diminutos pies y su risa perforaba otra garganta. He sido incapaz de colocar sus tetas en otras manos, su culo en otra cama, su vulva en otra boca. De sostener sus labios en otros besos, sus ojos en otros ojos, su pelo en otro espejo.Siempre he acabado con una tristeza incapaz de camuflar cuando me ha dado por idear su vida, en otra vida.

Ni siquiera he hecho preguntas, ni a tu madre, ni a tus primos, ni al choapino de tu casa. Cualquier respuesta iba a dolerme. He optado por la ignorancia absoluta. Por esa fantasía absurda de la esperanza. Por ese abismo profundo del por si acaso.

Te he imaginado llorando, perdiendo trenes y trabajos, buscando mi nombre en el bolsillo de tu chaqueta, mis manos en la oscuridad de tu habitación, mi voz en el silencio de tu lengua.

No he podido nunca en esta memoria mía verte sonreír. Porque tu sonrisa multiplicaba mi fracaso. Porque nunca, en la vida, he podido desearle lo mejor a alguien, que a su vez me estaba quitando lo mejor de la mía.

Hoy si. Hoy te imaginado sonriendo, en otra cama, en otra boca, en otra vida. Y esto no significa que te haya dejado de querer, eso pasó hace mucho tiempo. Hoy simplemente ya no te odio y supongo que es ahora, cuando empieza el olvido.





sábado, 15 de noviembre de 2014

Para Fran, la mejor de las amigas...

Voy a meterme dentro de otro libro. Dejar que sean sus manos las que me desnuden. Que sus gargantas me pongan voz y así no tener que sucumbir por mi mismo a su nombre. Les permitiré odiarme también, a veces por cobarde, otras por necio. Podran clasificar mis vicios por orden alfabético, mis manías por orden cronológico, mis sueños por desorden afectivo. Dejarme de lado cuando empiece su serie favorita. Lanzarme al fondo de una biblioteca cuando estén cansados de este amor eterno. Llorar cuando un verso les recuerde que a ustedes ese tren que yo perdí, también les pasó de largo. 

No pondré obstáculos al orgasmo, a la caricia, al espérate que cene y ahora vuelvo. Soportaré cualquier excusa que no se convierta en promesa. Seré la marioneta del hilo de su memoria. Hacerme danzar, nunca en un baile al tropezar lo hemos llamado abrazo, hasta hoy. 
Pueden volar conmigo, caer sin mí, flotar con ellos. Anclar sus ojos en una página cualquiera, garabatear todas las esquinas de cada folio, agarrarse a cada punto suspensivo, balancearse del columpio de una coma, cambiar cada punto final por un beso con lengua a la luz de la luna.

Estaré bien allí encerrado. Soy ese extraño pájaro que no vuela si le sobra el cariño. Que ha vuelto a su jaula a silbar aquella canción de que todo es posible. Que siempre prefirió el mar al cielo y que llama a la poesía hogar, si eres tú quien la lee.

Para Fran, la mejor de las amigas...

jueves, 13 de noviembre de 2014

Para mi claudia :D III

Supongo que sabe que su sonrisa,
consigue hacerme claudicar,
que dejé de mirar a cualquiera,
solo una estrella brillando.
Algo así como una desaparición
Instantánea de personas.

Que consigue que haga el idiota sin ruborizarme,
contarle aquella vez que me caí en un charco,
algo sobre la eyaculación precoz con cierta rubia teñida,
algún vicio inconfesable,
o hablarle del beso que le di al aire
pensando que el amor de mi infancia
jamás se apartaría.

Supongo que sabe que su sonrisa,
hace girar las agujas del reloj
a una velocidad distinta
a la que acepta la cordura.
Que hace un minuto era de día
y ahora tiene una estrella entre los labios
que jamás sera fugaz.

Que ignoro por completo,
si ha preferido zapatos planos
para no despertar al hombre equivocado.
Si lleva el pelo suelto o una trenza,
si es un vestido nuevo,
o el mismo que he pensado
desabrocharle mil veces.

Supongo que sabe que cuando sonríe,
me duele tanto parpadear
como una guerra en Palestina.
Que el olvido es el primer atajo
que atraviesa por sus pómulos.
Que su garganta un eclipse,
que sus dientes un verano,
que su lengua mar de fondo.

Más allá de su rostro la vida,
es una película de Tarantino,
el futuro la promesa de un político,
el amor hipotecas para siempre.

Supongo que lo sabe, que es consciente,
que tiene esa certeza incuestionable,
de hacer feliz al resto si se ríe,
cosquillas en el alma, cicatrices,
de heridas que juraron ser eternas,
paisajes devorados por su nombre,
la magia concentrada en una mueca,
la oscuridad humillada por su brillo.

Supongo que lo sabe, aunque no importa,
si ignora la verdad de su sonrisa,
si algún espejo dijo lo contrario,
si algún complejo le mintió al respecto,
si algún recuerdo le confunde el ánimo.

Yo se que su sonrisa es mi sonrisa...
y que no dejare que nadie la haga llorar.