lunes, 15 de julio de 2019

hoy me preguntaban que me gusta de ti.

He amado tus pecas. Tus ojos y ojeras. 
He amado la forma que tienes de irte, 
y de mirarme como si me matases, antes de cerrar la puerta. 
He bailado contigo, he llovido a tu lado. 
Me he acostumbrado a que nunca me acostumbres del todo, 
por ser cada día distinta, sin ser otra.

Te he hecho el amor en cada estación del año y cuando sonríes, 
aún me pellizco en secreto, para ver si estoy en algún sueño. 
Y, al final, he entendido que no hay suficiente poesía en el mundo para hablar de ti. 
Que tú formas parte de un instante 
que apenas dura un segundo y que ocurre constantemente.
Eres inexplicable, como casi todo lo que nos hace felices.

Vas y vienes, te paras, ríes, me pides un beso, lloras, tapas tu cabeza con la sabana
mientras duermes.
Te abrazo por la espalda y te apartas el pelo, me tomas la mano y la aprietas con fuerza.

Alguna vez me dijiste, que los finales felices, 
solo son para esas personas tan tristes...
que son incapaces de disfrutar de la historia, 
por que lo importante es el camino... 
lo que vemos, el cielo azul, las nubes 
y el olor de la calle después de una tormenta.

Tu espalda, tus rodillas y tu barbilla, tus ojos cafés... 
que son como las hojas que nos regala el otoño.

Tus besos con lengua, tus besos, tu lengua...
y cuando aveces estas triste y agachas la cabeza y entonces
me acerco y te digo que estoy ahí... contigo,
que estoy en cualquier parte a tu lado,
-Estamos en esta mierda juntos-
luego levantas la mirada y al verme te brilla,
y te juro, te prometo que el secreto del amor, 
no es amar las cicatrices del otro, sino de ayudarte a amar las tuyas.

Yo no puedo cambiar el mundo, pero si me dejas, lo decoro
de tal manera que te parezca hermoso.


Para Claudia, la mujer que amo.

Le llamaban Ruina.

Estaba tan rota, que le llamaban Ruina.

Tenia esa forma...
Especial de dejarse llevar por el viento
con el vuelo de su falda,
y colarse en los pulmones de alguien, para dejarle sin respiración.

Pasaba desapercibida para todos aquellos que no creían en la magia.

Pero, aunque no lo sabia...
Era la chica a la que todo el mundo querría hacer feliz.

Como no tenia a nadie que le vaciara la luna en la copa...
Cuando el vino se acababa, tapaba sus heridas y nunca
se las curaba.

Creía que la única forma de no tener  cicatrices...
Era conseguir que todas esas heridas se mantuvieran abiertas.
Asi que por las noches se autodestruia en su cabeza...
pensando que nunca seria lo suficientemente buena,
como para bailar al son de alguien sin pisarle los pies.

Escribía, o mejor dicho:
Saltaba a todos los precipicios construidos en papel.
Lo que para el resto era un vacío...
Para ella era un hogar.

Tenia los ojos del color del frió y la misma mirada de
la soledad que le acompañaba.

Y en el corazón le latía una melodía...
que nunca nadie le había sabido descifrar.

Sufría por todos y no lloraba por nadie en especial,
sino como puede hacerlo una nube en mitad de una tormenta...
Suspiraba como puede hacerlo el viento cansado ya de respirar.

Pero ante todo, se movía inquieta con los nervios a flor de piel
como si se le hubiese colado dentro la primavera,
como si le estuviesen saliendo las alas...
y ella solo desease echar a volar.

A la hora de actuar, tenia valores y razones
que nadie entendería jamás.

Contaba las estrellas y -cuando se perdía-
lo volvía a intentar, como si estuviese segura de
guardar todas y convertirlas en un cofrecito hecho canción.

y es que lo que mejor se le daba...
era soñar.

Para mi amiga Fran...
a la que antes le llamaban ruina, pero que ahora sus alas,
le están enseñando a volar.

te quiero.