jueves, 21 de septiembre de 2017

Real

No era así como lo había imaginado, en la cabeza de uno todo es más sencillo, mucho más mágico, bastante más real. De hecho es más real que la propia realidad. Creo que lo que hace tropezar al ser humano con más frecuencia es el tamaño de sus expectativas. Cuanto más grandes sean mayor es el golpe. En mis expectativas estaba besarte, así que imagínate desde qué altura acabo de romperme el alma.
Escribirte sabiendo que no vas a leerme no es otra de mis locuras. Es el método más certero que poseo para lograr escucharme, lo hago así desde siempre. Así que quita esa pose de superioridad porque este triunfo no te pertenece. Tal vez como el resto me aconsejarías que me abriera ante las personas. Te seré sincero las personas no me gustan. Me aturden, aburren y cansan. Pondré un ejemplo, si esta historia fuera contada a cien personas al azar, noventa y nueve de ellas sin ni siquiera llegar al parpadeo dirían la palabra DESTINO. Y a mí la única que podría llegarme a interesar es la que hace cien. ¿Vale la pena la búsqueda? No hace falta que respondas, porque también sé la respuesta. Igual que sé que esa persona no serás tú pero contigo chica del culo implacable haría tantas excepciones como me sugiriera tu sonrisa. La superficialidad es algo que no soy capaz de dominar. Supongo que por eso huyo de mi propio reflejo. El ser incapaz de gustarme hace que viva toda una vida con alguien a quién no consigo aceptar y vivir así se parece más a la muerte que morirse.
Por cierto noventa y nueve personas de esas cien habrán dicho decenas de veces esa frase de "La belleza está en el interior" mientras abonan la cuota del gimnasio, compran cremas de futuro incierto, se follan con los ojos a la chica del escote prominente o sueñan a oscuras con el actor de moda. Es una puta mierda estar tan cerca de la mayoría.
He estado a punto de lanzarte al vacío de mi memoria. De intentarlo más bien. Pero me haces falta. Necesito tener abierta la ventana de tu boca, que me haga temblar la incertidumbre de encontrarme con tus ojos detrás de cualquier esquina. Necesito que existas, que estés ahí en cualquier parte, lejos incluso de mi torpes brazos. A años luz de una promesa, de una herida o de un suspiro. Me basta con imaginar un tropiezo y luego tu sonrisa iluminando todo. Y que de repente sin venir a cuento me llames destino y a mí no se me ocurra siquiera un nombre más hermoso.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Crack

Crack. Ese es el sonido que debe hacer un corazón cuando se rompe. Ruidoso y seco como un jarrón contra el suelo. No un vaso, o una botella, o una taza. Como un jarrón, porque si tienes un jarrón en casa debe tener algún valor sentimental. Ya sea porque era de tu madre, o de tu abuela, o el recuerdo de un viaje, o simplemente porque ha tenido tantas flores dentro que la primavera se hace de repente si pasas por su lado. Lo justo sería que lo vieras antes tambalearse para que formes parte de lo jodido que puede resultar el equilibrio y luego crack.
El romanticismo es ese acto de fe que existe en aquel que intenta juntar los trocitos.
Pero no, un corazón se rompe y no hace ningún tipo de sonido. De hecho se rompe y a la vez sigue intacto. Como si a una caja de música le arrancas la bailarina. Ha muerto la belleza y la melodía sigue. ¿Pero a ver quién quien mierda es el que baila ahora?
"El tiempo lo cura todo" es esa frase que nunca pasará de moda. Pero el tiempo lo que hace no es curarlo, es matarlo. Te arranca unos años de vida y a cambio te da la capacidad absurda de ir olvidándolo todo. Y en cierto modo lo haces, olvidas, tu cuerpo olvida, tus ojos olvidan, tu mente olvida. Pero tu corazón jamás formará parte de ese juego. Tú corazón ya ha creado un sistema nuevo de defensa y a la persona que venga, no le será tan sencillo entrar como a la anterior. El corazón se va haciendo más pequeño y a su vez coloca más obstáculos en el camino. El daño que te hagan hoy, lo pagará la siguiente persona que pase por ahí.
Supongo que es esa la razón por la que sigo aquí, inmóvil. La razón por la que no te digo un lugar y una hora y te miro a los ojos hasta poder sentir que me caigo dentro de ellos. A estas alturas ya no eres un polvo rápido en el baño de un restaurante. Ni un paseo por la playa mientras me hablas de tu infancia. Ni una película donde su argumento seá devorado por los besos. Yo te he creado de la nada. Como si no hubieras existido antes de la primera vez que dije tu nombre. Ni siquiera te ha sido necesario esquivar obstáculos para llegar al primer latido. Yo mismo te he cogido con dos dedos y te he colocado en la entrada de mi pecho. Y de repente cobras vida por ti misma y te metes más dentro. Y hurgas en él. Incluso intentas con cierta ignorancia crear algo bonito de este montón de escombros que decoran la parte del fondo. Y te sientas y observas desde dentro a fuera quien soy. Y ni siquiera yo estoy seguro de eso.
Hoy he visto a una chica. La he visto cien veces antes. O mil. O un millón. A veces incluso sale en mis sueños. Nunca está desnuda. Es como si mi deseo me llevara la contraria. La he mirado igual que si pasara por delante del escaparate de una pastelería. Y el corazón ha bailado una canción que ya conoce. Ella está lejos de él porque también se sabe la música. Le importa tanto lo que habita en mi pecho como a mí el anillo que decora su dedo. Una palabra bien colocada hubiera dado más amplitud al diálogo, una sonrisa en el momento justo más complicidad y un roce hubiera sido suficiente para perderme en su tímido escote. Pero no ha ocurrido nada porque yo espero que sea ella quién de ese paso y ella tal vez ni siquiera lo ha imaginado antes. Luego al meterme en casa he dicho su nombre para que volviera a mis sueños. No ha habido suerte. Supongo que el único sueño seguro es el que eres capaz de cumplir. Que una vez cierras los ojos no solo se oscurece tú alrededor, también lo hacen los deseos. Puedes pedirlos, imaginarlos, traerlos a ti pero en el momento de alargar la mano para ver si son reales se desvanecen. Y se quedan apilados con los demás en un desván olvidado de la memoria, que a veces visitas por ese masoquismo interno de ordenar los fracasos. Una persona no se mide por lo que tiene, sino por aquello que ansía.
Supongo querida que debería escribirte. Contarte que donde estás sentada ahora antes había otra mujer. Y que fue ella quién lo dejó todo en este estado. Que el tiempo aún no nos ha matado del todo y que la echo de menos. Decirte que estás ahí para que duela menos. Y que te suene tan injusto el leerlo como a mí el escribirlo. Que mi corazón, el mismo que te abrió la puerta es incapaz de cerrarla y dejarte dentro. Y ni siquiera sabe si es por si ella regresa o porque todavía no se fía de ti. Incluso puede que por ambas cosas a la vez. Estoy de acuerdo en que la canción que suena de fondo es preciosa y nada me apetece más que agarrarte la mano y dejarme llevar. Pero sería justo que supieras que en esta misma caja de música yo he sido la bailarina arrancada de golpe y abandonada en el suelo mientras el mundo seguía con su puta melodía.

Y que tampoco hice crack. Como debería.