lunes, 28 de julio de 2014

Aunque no se llame Ana.

Ya hace una semana que vine, nadie me mira.
No es diferente esto a otras ciudades,
a otros instantes,
ni siquiera las carteristas se acercan por la espalda,
debo parecer pobre.

Dicen que cuando nadie te ama
es complicado amarse a uno mismo
y si no te amas a ti mismo,
nadie acabará amándote.
Un laberinto extraño.

Yo no me amo.
Me odio a veces incluso,
me soporto otras,
me intuyo siempre.
No soy esa canción popular.
Me encanta esa canción.
He llegado a cantarla en voz alta frente al espejo
es muy fácil mentirse
si lo que temes es la verdad.

La chica de la trenza es bonita,
dos bancos más allá hay otra con el pelo corto,
muy morena, como si el verano
se hubiera estancado por siempre en su piel,
parece que se llama Ana,
es absurdo ponerle un nombre más largo
a tanta belleza.
Lo bonito debe surgir como un chasquido de dedos,
-Ana. Y ella mira.
Todo lo demás se nubla
Y solo existe su rostro.
Cuando digo su rostro también me refiero a su escote,
he visto las caras mas preciosas
en las tetas de cualquiera.

La chica de la trenza fuma.
Me gusta las mujeres que fuman.
Saben que pueden morirse cualquier día
pero no tienen prisa.
No lleva tacones pero no importa,
sería capaz de hacerte daño
solo con un simple no.

He pensado en pedirle fuego
pero se que si me mira a los ojos
sabrá en ese mismo momento
donde está el incendio.
A veces resulto demasiado previsible.

Esta ciudad es como un gato
si la necesitas huye
pero cuando menos te lo esperas
se te mete entre las piernas
y te deja esa sensación absurda
de haberla sentido un instante.
Como el orgasmo de una puta.

Recuerdo a michelle diciendo.
- Una puta solo tiene un orgasmo en cada sesión
y es cuando le pagas.

Nadie me mira.
Casi una hora en esta estación
sin que un hola me desvirgue este desastre.
La chica de la trenza se marchó,
no recuerdo el destino,
creo que le miraba el culo mientras guardaba la maleta.
Aunque tampoco me acuerdo de su culo.

La del pelo corto sigue allí.
He pasado por su lado y he dicho Ana dos veces.
No ha mirado.
Tal vez debería intentarlo con otro nombre.
O con otra ciudad.
No se.

Creo que el próximo tren es buen destino,
está tan lejos de ti
que quizás el recordarte
sea el atajo más corto que tenga el olvido
y pueda amarme de nuevo
y esta vez
 sin ti.

Y alguien me mire.
Aunque no se llame Ana.

Aunque no se llame Ana.

Ya hace una semana que vine, nadie me mira.
No es diferente esto a otras ciudades,
a otros instantes,
ni siquiera las carteristas se acercan por la espalda,
debo parecer pobre.

Dicen que cuando nadie te ama
es complicado amarse a uno mismo
y si no te amas a ti mismo,
nadie acabará amándote.
Un laberinto extraño.

Yo no me amo.
Me odio a veces incluso,
me soporto otras,
me intuyo siempre.
No soy esa canción popular.
Me encanta esa canción.
He llegado a cantarla en voz alta frente al espejo
es muy fácil mentirse
si lo que temes es la verdad.

La chica de la trenza es bonita,
dos bancos más allá hay otra con el pelo corto,
muy morena, como si el verano
se hubiera estancado por siempre en su piel,
parece que se llama Ana,
es absurdo ponerle un nombre más largo
a tanta belleza.
Lo bonito debe surgir como un chasquido de dedos,
-Ana. Y ella mira.
Todo lo demás se nubla
Y solo existe su rostro.
Cuando digo su rostro también me refiero a su escote,
he visto las caras mas preciosas
en las tetas de cualquiera.

La chica de la trenza fuma.
Me gusta las mujeres que fuman.
Saben que pueden morirse cualquier día
pero no tienen prisa.
No lleva tacones pero no importa,
sería capaz de hacerte daño
solo con un simple no.

He pensado en pedirle fuego
pero se que si me mira a los ojos
sabrá en ese mismo momento
donde está el incendio.
A veces resulto demasiado previsible.

Esta ciudad es como un gato
si la necesitas huye
pero cuando menos te lo esperas
se te mete entre las piernas
y te deja esa sensación absurda
de haberla sentido un instante.
Como el orgasmo de una puta.

Recuerdo a michelle diciendo.
- Una puta solo tiene un orgasmo en cada sesión
y es cuando le pagas.

Nadie me mira.
Casi una hora en esta estación
sin que un hola me desvirgue este desastre.
La chica de la trenza se marchó,
no recuerdo el destino,
creo que le miraba el culo mientras guardaba la maleta.
Aunque tampoco me acuerdo de su culo.

La del pelo corto sigue allí.
He pasado por su lado y he dicho Ana dos veces.
No ha mirado.
Tal vez debería intentarlo con otro nombre.
O con otra ciudad.
No se.

Creo que el próximo tren es buen destino,
está tan lejos de ti
que quizás el recordarte
sea el atajo más corto que tenga el olvido
y pueda amarme de nuevo
y esta vez
 sin ti.

Y alguien me mire.
Aunque no se llame Ana.

martes, 8 de julio de 2014

Aterrizaje...

Tendré que empezar a pensar que la vida también son las semanas que no te encuentro. Que hay más cosas que calcular los movimientos exactos para evitar que algo se rompa o medir distancias. Andar a untadillas; temer lo bello. Tendré que empezar a pensar que la vida también es eso.

Supongo que al fin y al cabo todo son momentos ¿no es cierto? Momentos que un día ya no duele recordar o al menos, no como el primer día. Después de todo ¿qué nos queda? ¿El vacío de perderte? ¿La pregunta retórica de si volverás algún día?

Volvamos a empezar.

Recuerda aquel día en el que solo deseabas pasar conmigo cinco minutos más. El adjetivo “preciosa” convertido en tu nombre a cualquier hora del día. Los mensajes a las mil de la mañana solo para recordarme que me querías. No porque quisieras nada en especial; estabas en casa y necesitabas recordarme lo mucho que me echabas de menos. Eso, eso también es la vida. La felicidad en un instante. Los recuerdos en un vaso que esta vez se rompe.

Y mira, quizás ahora sí. Quizás pueda gritarte que te odio y te quiero al mismo tiempo. Que en esta vida, hay cosas tan irreemplazables como cada momento que vives. Después de todo, el último recuerdo es una despedida y esta vez, esta vez sí puedo confesarte que tengo miedo. Que no quiero volver tener que decir adiós nunca más y que si fuera la última vez que me despidiera de ti; bastaría un abrazo de esos en los que con mirarte a los ojos, sobran las palabras. Que estamos absueltos y el mundo, el mundo por segundo es tuyo.

martes, 1 de julio de 2014

Para mi claudia :D

Ojala estuvieras aquí ahora. Me gustaría ponerte toda la musica nueva que he descubierto. Casi todas sigue hablando de ti.
Arrancar a mordiscos las hojas de tu pijama otoñal. Romperte otro botón de alguna blusa. Despertarme a tiempo para ver una vez más, que es igual de sensual ver como te desnudas, que contemplar como te vistes.
Calentarte los pies bajo la cama, besarte mucho, tanto, que no sepa cuando te beso o cuando me estoy besando. Acariciarte con las yemas de los dedos la espalda hasta que bosteces, que el aire que te sobra, aún es el aire que me falta. Y ver como tus zapatitos  te esperan en el umbral de la puerta.Y sentirte regresar buscando en mi piel el exilio de ti misma. Que me mordieras la boca como entonces, para sembrar la duda, si dolías más cuando estabas en mis labios o cuando los dejabas sin ti. Y tumbarnos a ver pasar las nubes, sin que pasara el tiempo, recordar que siempre estamos juntos, que jamás hubo un reloj que se atreviera a decirnos lo contrario, ni calendario que marcara otras estaciones distintas a las que pactamos en el primer abrazo.