martes, 6 de octubre de 2015
Retorcido
Nadie debería sentirse sólo en tan hermosa ciudad. Ni tan sólo, ni tan vacío. Las ciudades hermosas habrían de ser escenario, localización y fondo de hermosas historias. Nadie debería sentirse sólo en tan hermosa ciudad.
Me paré entre tanto y entre nada a contar las baldosas de las empedradas calles, pero me faltaron losas para contar las veces que te eché de menos. Las torres de las ancianas iglesias no eran suficientemente altas para poder buscar entre la gente tu mirada. Ni repicaban tan fuerte las cansadas campanas como para lanzarte ese penúltimo grito de socorro en el silencio.
No di ni un paso sin imaginar el modo en que te habría mirado o el estúpido comentario que, con una sonrisa idiota, habría hecho en cada instante. Deseaba besarte en todos los portales. Deseaba desaparecer contigo en cualquier puente, de esos que llevaban a ninguna parte a través de la niebla. Deseaba desearte.
Y los andenes… Las despedidas con pie y medio en el vagón. El aire melancólico de una estación vacía. Te busqué en cada parada que hizo mi corazón en plena huida; te busqué en cada rincón al torcer cada esquina; y en cada esquina en que no estabas me retorcía.
pd: Claudia te extraño, te amo.
lunes, 7 de septiembre de 2015
Pero así es la inercia...
Suena horrible pero así es la inercia
cuando es sin ti.
También puedo decirte cómo es el cielo,
aunque me lleven la contraria
los veraneantes que piensan que vacaciones es vivir.
Como si hubieran estado contigo.
Como si la vida dependiera de el azul del cielo
y de lo profundo del oceáno.
Como si una butaca con vistas a la orilla
donde dos italianas juegan a pervertir las olas
pudiera compararse a verte sonreír después de robarte
un beso y las gafas de sol.
Besarte con ellas puestas era como besarme a mí mismo.
Y yo nunca me he querido.
Respirar lejos de tu boca
es insultar al mismo viento.
Que por cierto, hace menos viento
desde que no te pones falda.
No lo llamaría ni brisa.
Y me da igual que los tendederos al moverse
parezcan banderas de un país de donde no quiero ser,
que al agitarse dieran la impresión
que pudieran llover los calzones de cualquiera,
porque siempre será cualquiera si no eres tú.
Respirar lejos de tu nuca
es como soplar las velas
de cada año que no pasé contigo.
Como descumplir todos los deseos a la vez.
Horrible, como toser en un suspiro.
Estúpido, como suspirar en un recuerdo
que ni sabes olvidar porque no puedes
y no debes recordar porque suspiras.
Asfixiarte, a eso se parece respirar sin ti.
A bolsa de plástico en la cara.
A mano en la nariz del enemigo.
Al pie de tu sombra sobre el pecho.
A la maldita alergia al polvo
que se acumula sobre tu nombre
en el mueble del salón.
A no saber limpiarlo sin borrarte.
A no tener el valor de volver a escribirlo
sin parecer a la vez que te llamo en voz alta
pero sin aire.
Como si me ahogara yo mismo
y tú tuvieras la culpa.
Inercia, de esto se trata el vivir sin ti,
aunque el vivir no signifique vida
y la vida no se traduzca en aire
y el aire no sepa de vientos
ni el viento vuelva a aparecer
hasta verte de nuevo con falda.
Entonces tal vez vuelva a respirar,
respirar de verdad,
aunque me falte el aire.
miércoles, 29 de julio de 2015
29 de julio
Me ha atado las manos por detrás de la cabeza,
dice que me va a robar todas las caricias
que no le di pensando en otras.
Que ya es tarde,
que llevo diez años de retraso,
que el tipo aquel del asiento de atrás
de un coche que apestaba a abandono
debía ser yo y no un aprendiz
de agarrar la cabeza.
Dice también que yo no le voy a agarrar la cabeza.
Que jamás la veré debajo de mi cintura.
Que le duelen las rodillas de buscar el amor
y le duele el amor de doblar las rodillas.
Que a estas alturas de su vida, ya sabe
que el amor ni se busca ni se dobla,
solo se rompe,
o llega tarde.
Muerde justo donde debía haber un corazón.
Se asegura del latido y abandona.
Tiene el pelo hecho del viento
que levanta las faldas de todas las mujeres
y el ánimo de todos los hombres.
Yo sigo creyendo que soy un hombre.
Ella lo duda.
Podría hacer cosquillas pero duele.
La última vez que dijo te quiero
estaba frente a un espejo
y era mentira.
Da un largo trago
de algo que hay en la copa de la mesita,
luego lame mis cicatrices como
si tuviera el poder de abrirlas de nuevo
y me cose un beso sin lengua
donde me sobra el amor.
Estoy desnudo.
Ella sigue vestida.
Parece invierno si la miras a los ojos.
Juraría cada vez que se aproxima
que se avecina una tormenta.
Y yo nunca juro en falso.
Las promesas son otra historia.
Me clava las isobaras en el vientre,
me llena los párpados de nubes grises,
secuestra al sol de entre mis piernas
y relampaguea con fuerza por mi rostro
hasta que su saliva
tatua una lluvia interminable
que me baja desde el cuello
hasta la orilla.
Soy un charco que refleja su sonrisa.
Una ola que se rompe en mi pasado.
Una gota de sudor de su mejilla.
Me habla de otros, esa es su tortura.
Todo el masoquismo le cabe entre los labios.
Se sienta en una silla
y me cuenta las veces que ha reído sin mí,
hace un balance alfabético por los hombres de su vida,
dobla mi ego hasta que decido abandonarlo,
ella lo recoge con asco, al borde de la cama
y lo lanza lejos de mi vista.
No lo vas a necesitar. Dice.
Yo diré cuándo estás guapo. Y ríe.
Y su risa a pesar de todo
es lo mejor que me ha pasado
en la última década.
- Diez años tarde, hijo de puta.
- Pudimos haber sido tan felices.
Habla ella pero es mi voz
la que suena desde el fondo.
El mismo reproche,
la misma garganta.
La misma cara de idiota
que en las fotos.
Desata el nudo de mis manos
como si la libertad fuera parte de la condena,
me hace cerrar los ojos,
sé que no estará cuando los abra.
Lleva diez años ocurriendo lo mismo.
Diez años dejándome su recuerdo a los pies de la cama,
su olor en un rincón de mi memoria,
su boca en lo más intimo de mis sueños,
sus manos en la dura batalla
contra la nostalgia.
Diez años desde que opté por el camino
contrario a su cintura,
dejando su culo sentado en un banco,
donde nunca nadie más ha esperado un beso,
y al que acudo cada 29 de julio
para que su lluvia
me humedezca los recuerdos.
sábado, 13 de junio de 2015
Para mi claudia :) VI
Quería contarte un secreto: Te quiero.
Pero no un te quiero para no odiarme a mí mismo.
Tampoco un te quiero para quererme contigo,
un te quiero para quererme por ti.
No un te quiero de ropa por el suelo,
ni de cielo sin tu boca,
ni de boca para fuera.
Un te quiero desde dentro y hasta el fondo.
Un te quiero de verdad,
de los que duele.
De formar una familia,
de familiarizar nuestras formas.
Un te quiero con carencia de equipaje,
no sé si me entiendes.
Sin viaje de vuelta,
a no ser que la vuelta
sea volverme contigo.
Un te quiero de quedarme
y que te quedes,
de cicatrices a besos
y de lunes con cosquillas.
De resbalar por la espalda
y columpiar por la nuca.
No un te quiero de vulva en la boca
(aunque también).
No un te quiero de fóllame hasta el alma
(pero ojalá).
Un te quiero de vestida estás más guapa
y desnuda estás más puta.
De no saber si pagarte
o pedirte matrimonio.
De esos,
de retumbar
y escalofríos.
De tormentas en mis brazos
y relámpagos en el pecho.
No un te quiero de disculpas.
No un te quiero de reloj y calendario.
Un te quiero desde ahora y hasta siempre.
Un te quiero de ¡wuaa, cuánto te quiero!
Y que de tanto querer estoy perdido
si no me quieres tú como te quiero.
No un te quiero de París ni de Venecia,
a mí me bastas tú en el paisaje.
Ni siquiera el mar me es necesario,
puedo desaprender a nadar si me lo pides,
yo solo me ahogo sin ti,
estoy seguro.
Un te quiero con estrías,
de llorar haciendo ruido,
de reír sin taparse la boca.
Un te quiero sin bostezos
y sin insomnio.
Un te quiero de dormir hasta las tantas
y despertar solo contigo.
Un te quiero de ahora, de ya y de ven,
de envejecer de la mano,
de descumplirnos las décadas,
de suspirar los deseos
que se cumplen al besarnos.
Quería contarte un secreto: Que te quiero.
pero he pensado que mucho mejor que decírtelo
va a ser conseguir que tus ojos lo vean.
Un año con mi Clau :) te amo.
viernes, 17 de abril de 2015
Pensé en ti
Para hablar del dolor,
tengo que remontarme a tu nombre,
ni cicatrices antiguas, ni contusiones recientes.
Tu nombre, frustante,
como una canción para un niño sin sueño.
Para hablar de tu nombre,
tengo que descoserme la boca,
desprenderme del ego,
desnudar el fracaso.
Tengo que llamarte en otro rostro
y que tu recuerdo,
se convierta en incognita indescifrable
de una ecuación de mi cerebro.
Tu nombre, resbaladizo,
como un tobogán tras la lluvia.
Ayer lo escuché desde otra boca,
suave, como si no significara nada,
como si en sus sílabas no cupiera,
toda la vida de un hombre.
Claro que ella no eras tú
y se giró levemente sin notar cuánto peso
soportaba mi pecho en una sola palabra.
Pensé en ti, en tu vida de casada,
en tus manos indecisas calentando biberones,
en tus tacones atrincherados
en el armario de la decencia,
en las abejas marchitas,
del enjambre de tu escote.
Pensé en ti,
tendiendo tu desnudo con pinzas de la ropa,
hablando del clima con tu vecina del segundo,
llorando otra vez después de ver Notebook.
Recordé como te mordías el labio
cuando no estabas de acuerdo,
esa manía infernal de dejar las llaves
en cualquier sitio menos en tu bolso,
el olor a mujer de otro que desprendías
cuando te quedabas fija mirando al horizonte,
el perfume a playa de tus muslos
cuando ponías el grito en el cielo
y el cielo en mi boca.
Recordé que besabas al cerrar los ojos,
que solo soñabas si los tenías abiertos,
que cuando mentías se te arrugaba la frente,
que bailabas por el pasillo para no tropezar con mi vida,
que mi vida siempre esperaba que cerraras los ojos
y que tu frente estuviera lisa
después de un te amo.
Y te maldije,
maldije tu cintura de sirena a la deriva,
tu lengua de serpiente,
tu culo brasileño,
maldije tu vientre y su lluvia de lunares,
las pecas de tus pómulos,
las líneas de tus manos.
Tu nombre, grosero,
como una sonrisa en un velatorio.
Y te pensé,
te recordé
y te maldije.
Pero no pude nombrarte,
Porque jamas hubieras venido.
miércoles, 1 de abril de 2015
Circunstancias...
Antes de irte, recoge mi fracaso.
Tiende al sol esta pena de no saberte conmigo.
Finge mientras sales por la puerta,
algo similar a una tragedia.
Dí una frase inolvidable.
Haz ruido al bajar las escaleras,
como si lloviera en los peldaños.
Antes de irte, procura que no sea primavera.
Que no quede en las perchas,
ningún vestido con el que disfrazar tu ausencia.
Que estén abiertos los bares,
que sea cerrada la noche,
que esté apagada la luna
y no te siga mi sombra.
Intenta dejar más de una herida,
una planta sin regar,
un por si acaso en la cornisa.
No abandones mi ego en un previsible hasta nunca.
Retira todas las canciones de los azulejos del baño.
Acaba también con toda la parafina
De la estufa,
que cuando esté tiritando
grite tu nombre y no estés.
No dejes huellas, ni pelos,
ni luces, ni polvo.
No dejes hambre.
Ni boca.
Ni olor.
Ni sonrisa.
Si me dejas, hazlo de verdad,
para que sepa al dejarte,
que me ha dejado la vida.
Pero si decides quedarte
no sabré de fracasos,
ni el sol de mi pena.
Si de la puerta hacía adentro
no se conoce tragedia.
Si cualquier cosa que digas,
me resulta inolvidable.
Si en tu pisar, los peldaños
son las teclas de un piano
y trae más lluvia tu boca,
que las nubes del sur.
Si tú decides quedarte
hasta el otoño confunde si se llama primavera.
Y las perchas de tu armario
juegan por morbo al desnudo,
mientras tu piel se pregunta,
por el color de mis sueños.
Y si se cierran los bares,
que se te abran las piernas.
Y si la noche es oscura,
que sea la luna en tus ojos
la que me robe la sombra.
No encontraré mis heridas,
regaremos con orgasmos las macetas del olvido
y no sabré si hay cornisa más allá de la ventana.
Si te quedas,
sabrán los azulejos del baño
cómo se canta en suspiros.
Y si yo grito tu nombre
por la frialdad de los grifos,
serán tus manos quienes dicten
cuánto calor necesito.
Deja tus huellas.
Tus pelos.
Deja tu luz, sopla el polvo.
Quítame el hambre a mordiscos.
Quiero tu boca y tu olor,
quiero lamer tu sonrisa.
Si te quedas bésame,
para que sepa al besarte,
que estoy besando a la vida.
martes, 24 de febrero de 2015
bukowskianos de mierda
1. Que un poema con veinte tacos no tiene por qué ser mejor que uno de sólo diecinueve.
2. Que además de follar, el ser humano también practica otras actividades. Ejemplos: preparar jugo de naranja, regar los geranios, comprar el pan...
3. Que aparte de Rimbaud, Kerouac, Ginsberg y Bukowski, hay más libros en las estanterías. Ejemplos: Safo, Propercio, Shakespeare, Cortazar, Éluard, Pizarnik...
4. Que además de hijo de puta, puta, comemierda y gilipollas, existen otros insultos (no tomados en cuenta por traducciones españolas).
5. Que las chicas no son tan fáciles como parecen a simple vista.
6. Que tres polvos seguidos en una noche pueden ser posibles, cinco nos parecen una hazaña, siete una licencia poética y, todo lo que sigue a partir de ahí, NO NOS LO CREEMOS.
7. Que está muy bien ser sincero, pero eso de escribir el color que dejan las almorranas en sus calzones…, ¿de verdad hace falta?
8. Que no hay que confundir a los que empiezan en la poesía y luego pasan a las drogas con los que empiezan en las drogas y luego pasan a la poesía.
9. Que a partir de los veinte años, el diccionario de cabecera que tiene el poeta en su escritorio no puede ser el titulado “Mis cien primeras palabras”.
10. Que si la lectura de libros frena la frescura, coarta la originalidad y perjudica la vista, si ocurre, solo ocurre si lees MUCHOS libros. Por leer UNO no pasa. En serio. (no se considera pasar de "crepúsculo" a las "50 sombras de grey".)
11. Que si los versos que uno escribe se leen mejor cuando los pasas a prosa, no hay duda: son prosa.
SE RUEGA A LOS POETAS QUE REPARTAN ESTE ENDECÁLOGO RABIOSO EN BARES, CAFÉS, PELUQUERÍAS Y PARADAS DE MICRO, A FIN DE EVITAR QUE LA LIRA DE APOLO LANGUIDEZCA EN LOS ESTABLOS DE AUGÍAS.
miércoles, 11 de febrero de 2015
Para mi claudia :) V
Alguien me dijo que la suerte hay que buscarla pero olvidó mencionar que hacer cuando la encuentras.
Tus palabras siguen danzando por toda la habitación, tropiezan con mi silencio, resbalan con esta torpe manera que tengo de escuchar lo que no oigo.
El destino es un crupier al que le tiembla el pulso, e intento adivinar
la próxima carta. Supongo que es de corazones pero desconozco si mayor o menor, a la cantidad de suspiros que guardo por si me rozas antes de marcharte.
Invierto toda mi fortuna en asentir con la cabeza, coloco una mueca para que en mi sonrisa no intuyas, la derrota del siguiente hasta luego y dejo de ir de farol solo cuando caminas dándole la espalda a mi futuro.
Luego me siento a esperar la siguiente partida, sabiendo que no hay trucos en tu forma de moverte, ni ocultas ases en la manga para volver a hacer desaparecer toda mi tristeza.
Que la magia es que existas. Que la magia eres tú.
miércoles, 28 de enero de 2015
soledad
Existe una increíble contradicción dentro de la propia soledad, una fuerza ambivalente que abre y cierra sueños al compás de la psique.
Alejándonos de todo, abrimos un paréntesis dentro de la realidad, un espacio de tiempo donde nada es absoluto, donde la razón se multiplica.
Las dudas llegan y hacen o deshacen todo lo que creíamos dormido,
el mundo se convierte en un pequeño espacio donde el pensamiento toma su lugar privilegiado y ofrece, muchas veces, una “espiritualidad” espontánea.
Las diferencias estriban en la capacidad para entrar y salir de ella, en ser conscientes de esa adicción que produce el sentirse plenamente comprendido, una compleja sencillez que circunda cualquier pensamiento, por pequeño que sea.
La soledad social se traduce en una meditada incomprensión que va provocando poco a poco una ausencia de libertad dañina e irreal, ésta, nutrida emocionalmente, da paso a una introspección tan profunda como estéril, pues va dejando al desaliento comiendo de su propia memoria.
Pero hay otros lugares donde la soledad emerge como oxígeno en medio
del océano consciente, una huida, una búsqueda interior donde posiblemente se encuentra uno de los tesoros más valiosos de la humanidad.
Así, la soledad puede llevar consigo una salvación o una condena, el aire más amable o la más dura contaminación para una mente dispuesta a entregarse por entero.
El ser humano necesita de esa soledad, gracias a ella y a la meditación que sujeta su nombre, existe la vida en común.
Seguramente existe también un equilibrio que sujeta los hilos de la personalidad, algo que no se puede medir pero que inconscientemente presentimos.
Escribir y leer es arrastrar la soledad hasta el lugar exacto, es transformar a la palabra en un puente para tu propio paso, seguro o peligroso, pero abierto para trazar una ruta de ida y vuelta.
Palabra y soledad unidas para mostrarnos el camino del pensamiento útil, el lugar donde enterraron el más preciado tesoro.
jueves, 15 de enero de 2015
los únicos escalofríos dependían del invierno.
Lanzaba las preguntas como si fueran parte de un manual. Como si mirara en una pizarra y las leyera. No hay oficio más aburrido que aquel que exige un patrón. Ella podía innovar, girar, coger curvas apetecibles, acorralarte, llevarte al sonrojo, o a la misma puerta de tu laberinto interior pero se dejaba guiar por la rutina, por la falta absoluta de entusiasmo. Supongo que por eso yo, siempre me saltaba las respuestas básicas, para que ella se saliera del camino que lo hacía todo previsible. Así era ella, era una de esas mujeres con la que convenía ser más el amante, que el marido. Pensé en aquel hombre otra vez, ella agarrada a su brazo y dejé de envidiarlo. Tal vez ya sus tetas dejaron de sorprenderle, su culo de inquietarle, su boca de morderle. Ya estaría adjudicado el lado de la cama, del sofá, de la mesa donde comían. Ya los besos serían más por costumbre que por deseo. Y los únicos escalofríos dependían del invierno. Una persona por la que darías tu vida, a los tres años por ejemplo se puede convertir en una persona por la que la diste y al pensarlo fríamente llegar a la nefasta conclusión, de que el precio ha resultado muy caro. Aún así había momentos como este, en el que al mirarla, tan cerca y a la vez tan inalcanzable, la tentación me ponía un papel imaginario justo en frente de mis ojos "Cinco minutos con ella por el resto de tu vida" y siempre, absolutamente siempre me resultaba un precio justo, incluso si le miraba el escote, demasiado económico.
jueves, 8 de enero de 2015
En blanco
No tengo nada de lo que escribir,
llevo sentado en este folio en blanco
una hora y media.
No ha venido ni una sola chica a decirme hola,
tampoco adiós.
Hay que reconocer que siempre he sido mejor poeta
en las despedidas.
Pero ahora no hay nadie que pueda despedirse de mí,
porque no hay nadie que haya venido a quedarse.
Va a ser difícil escribir este poema.
No me gusta el blanco.
Cierta chica decía que ella se casaría de blanco,
que cuando yo me muriera,
(porque yo era tan buen hombre que me moriría antes que ella)
se vestiría de negro
y que entre nuestra boda y mi muerte
me dejaría siempre escoger el color de sus calzones.
Luego se marchó antes del blanco
y lo dejó todo negro
y el color de sus calzones me importó tanto
como la vida de una mosca en Ucrania.
En fin, que aquí estamos este folio en blanco y yo.
Es domingo. Enero. Y no hace frío.
He visto a Sandra Romain abierta de piernas
en una escena lésbica,
a veces me gustaría ser mujer,
aunque cuando pienso en los hombres
las ganas se me pasan enseguida.
He ido a darle dos besos a mi madre,
he mirado allí un libro que le regale,
va por la misma página desde hace un mes.
Supongo que no lee.
Me ha sugerido que me afeite,
que ninguna mujer va a querer besarme si pincho,
le he dicho que es la moda de ahora.
- ¿No besarte es la moda? Pues está durando mucho hijo.
- La barba mamá, la barba.
Ella ha sonreído y me ha besado.
Como si no fuera mujer.
Ya no está tan blanco este folio.
Aunque no creo que pueda llamarse poema.
Rara vez se llamar a las cosas por su verdadero nombre,
a ella la llamaba risitas,
a mis "amigos" por sus apodos,
al amor sexo,
al sexo placer,
al placer risa,
a la risa como ella
y a ella risitas.
Así sucesivamente.
Y a mí ni siquiera me llaman,
ni yo me nombro
no vaya a ser que responda
alguien al que odio.
Ya ha anochecido,
lo mejor de la tele cabe en un anuncio de colonia,
Charlize se descalza y sube por un telón dorado
ignorando que el futuro es ella misma.
Imagino que huele a despedida.
Y sigo escribiendo.
Alejándome de este blanco que me recuerda
que una vez estuve a punto de casarme
y que ahora no puedo morirme antes que ella
sobre todo porque ella
ya se murió
y de eso por suerte
hace ya muchos versos.
Y demasiados blancos.