sábado, 31 de julio de 2010

La historia sin sentido del hombre sin estilo

Era curioso, en mi casa no había espejos, pronto comprendí la razón. Yo era feo. Y mi abuela una señora.

Todas las mujeres de las cercanías apuntaban a sus hijos a futbol y a basketbol y algunas, las más cuicas, las que tenían jardín y taza de té a las cinco y cita con el decorador de exteriores todos los viernes en una clínica llamada “La belleza está en el interior ja ja ja” a natación y en algún caso más extremo a violín o piano. Incluso había uno que se llamaba Alexito y que parecía haber salido de una canción de locomia que estaba apuntado a ballet.

He de reconocer que gracias a él mis defectos apenas se quedaban un rato en la memoria de los más crueles del colegio, sobretodo cuando a Alexito no se le ocurría otra cosa que dar giros con las manos en alto en el patio del colegio. Le gustaba provocar desde luego.

A mí, mi abuela, tres días exactamente después de que echara a mi abuelo de casa por incompetencia conyugal, eso dijo, que vete tú a saber a qué se refería con aquello, me dijo muy seria.

- A ti te voy a apuntar a un curso de poesía porque es el único modo conocido de que una mujer te diga algo bonito.

Y allí fui yo, a escribir palabras de las que no conocía su significado con un profesor al que su madre, que seguramente también era una señora un día decidió que alguna mujer se enamorara de su hijo por lo que escribía y no por como era.

Después de un tiempo de técnicas silábicas, lecturas aburridas, ritmos, clásicos y medidas a años luz del 90-60-90. Escribí mi primer poema.

LO MAS BONITO DEL AMOR SERÍA HACERLO

Cubiertos los abedules de sonrisas mustias
en el retroceso del invierno tísico
juega Afrodita a contar baldosas
con el dedo incrédulo de la desazón.
Amante del iris de los ojos ciegos
bostezan los duendes de la tanorexia
del bosque a la almena se reparten besos
y tu boca lejos de mi extenuación.

El profesor que aprendió a mentir en un curso a distancia de cómo decir siempre la verdad y que no te llamen hijo de puta me dijo tocándose la punta del bigote, con esa media sonrisa del que tiene un mercedes esperando en el garaje.

- Cabrito con cosas así te puedes comer el mundo.
Yo que por aquel entonces solo creía que la virgen María no había sido tan virgen y que los verdaderos héroes no tenían capas y hacían milagros por llegar a fin de mes le dije aturdido.

- Es que yo no quiero comerme el mundo, ya soy lo suficientemente gordo.
Fue entonces cuando se le iluminó la cara y por primera vez dijo una frase poética en todo el tiempo que duré en dicha sala de clases.

- Estudia mucho, búscate un trabajo donde puedas ganar lo suficiente para pagarte una puta veinte minutos todos los fines de semana porque la única poesía que existe està bajo la falda de una mujer.

Aquel, ya tan pronto fue el momento en el que mandé a la mierda la poesía y desde entonces hasta ahora sólo escribo lo que me sale de los cocos pero sobretodo lo que su vulva (bendita vulva) me dicta.







post data poco usual:
este es alexito http://ax-art-az.blogspot.com/   jejje  hasta se gano un altazor ke bkn 


martes, 27 de julio de 2010

un final feliz

El dijo:

- te quieres casar conmigo?


Ella respondio:

 -No


Y vivieron felices para siempre

una vez se encontraron en lastarrias y se tomaron un cafe








lunes, 26 de julio de 2010

Ella me besaba con la boca de los lunes
todos los sábados festivos de enero,
luego colgaba los zapatos en el armario
de los septiembres lluviosos de mi alma.

Tumbada en la playa ajena a mí
con las gafas de no quiero ni mirarte
y una teta en plena fuga de sí misma
por la minúscula tela del bikini.

Decían en el puerto al observarte
que la espuma de las orillas
eran los orgasmos de las sirenas.

Y claro sí yo llegué a creer que me querías
como iba a poner en duda lo que el mar
era capaz de conseguir si se excitaba.

Tantas veces quise ser el mar,
como la mañana del bikini rojo
en la que sumisa dejaste que el agua
te lamiera dócilmente los tobillos
y los minúsculos vellos rubios de tus muslos
despertaban de repente de la siesta.

Y es que tú eras la única mujer
capaz de conseguir que subiera la marea.

Hubieron olas que se inventaron a sí mismas
aquella tarde del suicidio de las nubes
y en lugar de romper contra la arena
acariciaban dulcemente tu cintura
mientras un aire enamorado de tu pelo
hacía silbar la canción que te gustaba.

Era pornografía aquel baile de dedos
extendiendo la crema protectora
y el aroma imposible al mezclarse con tu piel
solo comparable a los jardines de Brastilava.

Lo que duraba una mentira en tu boca
era lo que permanecía la sonrisa en mis labios.

No sé que le diré al pasifico
cuando pregunte por tus toallas infantiles,
que le contaré a tu roca preferida
sobre la ausencia de tu trasero sobre ella,
o que pensarán de mí los pescadores del muelle
si no traigo tu mirada hacía sus barcas.

Si no regresas con tu verano a mi verano
te voy a odiar el resto de mi vida
y eso es más eterno que quererte.

miércoles, 21 de julio de 2010

un cuento en tercera persona

Le dio una profunda fumada a su cigarro. No estaba triste, era otra sensación, vacío tal vez, como si tuviera una rata dando mordiscos en el estómago.

El siempre había pensado que ella era demasiado bonita para algo tan vulgar, que hay flores que merecen mucho más que un jardín. Algo así como la cima más alta de una montaña donde la belleza y la muerte se den la mano.

Ojalá no hubiera tenido ojos aquella mañana de lluvia-eso pensaba- o ahora de golpe perdiera toda la memoria. La imagen de su beso con aquel desconocido era un rifle apuntando en la sien que amenazaba con reventarle los sesos pero jamás acababa la ejecución.

Lo peor del amor es cuando no es tuyo.

Se acomodó en el sofá y tuvo de nuevo el maldito desliz de echarla de menos, allí a su lado, con esas manos capaces de curar hasta la nostalgia de Robert Smith.

Al instante la odió otra vez, profundamente, más que nunca pero menos que el siguiente amanecer.

Así era siempre. Pero como siempre era mentira.

Dio otra fumada, intensa, con los pulmones pidiendo auxilio, hasta quemarse los labios y pensó que quizás debería  vaciar el cenicero.


...Y esta bien reirse de esto...

domingo, 18 de julio de 2010

.Se llamaba Veronica, simplemente...

Podía haberse llamado Ana o luna o Cristina o Ingrid, bueno tal vez Ingrid no pero podía haberse llamado amor en los desayunos y cariño en las cenas y te quiero tanto que ya no me quiero ni a mí el resto de mis días.

Pero no. Se llamaba Veronica, simplemente.

Y tenía los ojos tan llenos de primaveras muertas que en su piel siempre era verano, con incendio en el monte de venus incluido.
Yo que entre mi multitud de defectos tenía aquel de enamorarme de todas las mujeres que esperan la micro me enamoré de ella. De ella y de todo el aire que separaba su piel de mi piel.

Porque ella era mía incluso antes de que su madre aquella noche de vodka dejó que terminaran adentro. Pero no lo sabía, ni yo se lo dije.

Se limitó a bostezar mientras la micro paraba a sus pies y un chofer con bigote, comenzó a soñar que la próxima estación, de esa mujer que subía los escalones como si estuviera haciendo un casting para una película danesa, era su cama.

Desde la ventanilla, mientras un cigarro me fumaba por dentro, me regaló su sonrisa y allí entre sus dientes cabía el primer desnudo de Marilyn, la tercera o cuarta escena lésbica de una tal Angelina y el baile más pornográfico de una colombiana sin espina dorsal.

Y se marchó, sin más, como se marchan todas las cosas que amo en esta vida.

Tan bella, tan suya, tan Veronica. Simplemente...

lunes, 12 de julio de 2010

cuando se callaron las vuvuzelas

Que triste no encontrarme en tus ojos
cuando miras al horizonte
y que tus manos no sepan el idioma de mi espalda.

Ahora que solo creo en el ibuprofeno
y en los helados de tres sabores
y en mi madre…..
cuando no habla.

Precisamente ahora que adivino pezones
en esas mujeres que nunca quisiste ser,
ahora que mi orilla olvida a marchas forzadas
tu número de pie.

Quizás no sabes que el último poema que leí
eras tú con las piernas abiertas,
por eso te lo escribo con la lengua
“Te quiero”.

Y a menudo pienso en lo bonito que sería
follarte sin condón en la ciudad más al norte
del país de tu cintura.

Que lo más lejos que estuviera de ti fuera mi piel
y que cada milímetro de distancia nos doliera
como duelen las muertes de los hijos.

Podría hablarte de lo amargo del ron
sin tus labios al otro lado de la copa,
de todas las mentiras que he dicho sobre tu nombre,
podría escribir un libro en croata
hablando solamente de tu ombligo
o regalarte una nube con forma de almohada
para que me acaricies en esos sueños
en los que caigo al vacío.

Que triste que mi olfato no sepa
a que huele tu cuello los viernes por la noche,
ni mis piernas sean capaces de saltarse
el semáforo en rojo de tu orgullo.

Ahora que ya solo me creo
la mitad de todo lo que me decías
y la raíz cuadrada de todo lo que me quisiste
y un número x elevado a pi
de todos los silencios que me debes.

Precisamente ahora que mis versos juegan al contragolpe
y tú te defiendes a la italiana
con ese catenaccio tan duro
de despejar el corazón al otro lado del estadio.

Ahora que juego de suplente
el partido más importante de nuestras vidas
se nos ha olvidado que el amor
aunque siempre se alimente de recuerdos
nunca jamás debiera hacerse de memoria

sábado, 3 de julio de 2010

Algún día seguiré tu mismo camino

Decidiste irte de esta ciudad
antes que yo.

Algún día seguiré tu mismo camino
tal como lo planeaste,
sin hacer maletas que arrastren más escombros,
con el batir cansado y ese aire melancólico en las alas
con que las gaviotas
van ingrávidas al encuentro etéreo de los barcos
-de cascos flotando tan grises como las nubes-,
para guiarlos hasta esta tierra
hambrienta de sed, de cielo putrefacto,
de sonidos que nacen contaminados,
de sucesos sin acaecer.

A esta ciudad a cuya mesa me siento con mendigos sin rostro,
cuya lluvia de mercurio cae siempre de lado,
de tabernas repletas de aridez y muelles vacíos de vida;
de patios de colegio donde juegan en silencio,
como abuelos, los niños hijos de los no nacidos
mientras sus hermanos huérfanos de esperanza
se divierten gritando y corriendo por las cloacas.

Decidiste irte de esta ciudad de museos como cárceles,
de hogares que son extraños museos
en cuyas paredes cuelgan nuestros retratos extraños
como los de un lejano pariente tan irreconocible
como lo es ahora nuestro rostro en el borroso espejo del tiempo.

Decidiste irte antes de que acabara la función.
para no ver como arden volátiles las dimensiones del teatro,
rociado con la gasolina que corría rugiendo por nuestras venas
la noche en que planeábamos cómo irnos,
cómo ir en busca de ese exilio de pétalos,
de ese parnaso donde los palabras
dejan de habitar en la cabeza y cobran vida.