lunes, 12 de julio de 2010

cuando se callaron las vuvuzelas

Que triste no encontrarme en tus ojos
cuando miras al horizonte
y que tus manos no sepan el idioma de mi espalda.

Ahora que solo creo en el ibuprofeno
y en los helados de tres sabores
y en mi madre…..
cuando no habla.

Precisamente ahora que adivino pezones
en esas mujeres que nunca quisiste ser,
ahora que mi orilla olvida a marchas forzadas
tu número de pie.

Quizás no sabes que el último poema que leí
eras tú con las piernas abiertas,
por eso te lo escribo con la lengua
“Te quiero”.

Y a menudo pienso en lo bonito que sería
follarte sin condón en la ciudad más al norte
del país de tu cintura.

Que lo más lejos que estuviera de ti fuera mi piel
y que cada milímetro de distancia nos doliera
como duelen las muertes de los hijos.

Podría hablarte de lo amargo del ron
sin tus labios al otro lado de la copa,
de todas las mentiras que he dicho sobre tu nombre,
podría escribir un libro en croata
hablando solamente de tu ombligo
o regalarte una nube con forma de almohada
para que me acaricies en esos sueños
en los que caigo al vacío.

Que triste que mi olfato no sepa
a que huele tu cuello los viernes por la noche,
ni mis piernas sean capaces de saltarse
el semáforo en rojo de tu orgullo.

Ahora que ya solo me creo
la mitad de todo lo que me decías
y la raíz cuadrada de todo lo que me quisiste
y un número x elevado a pi
de todos los silencios que me debes.

Precisamente ahora que mis versos juegan al contragolpe
y tú te defiendes a la italiana
con ese catenaccio tan duro
de despejar el corazón al otro lado del estadio.

Ahora que juego de suplente
el partido más importante de nuestras vidas
se nos ha olvidado que el amor
aunque siempre se alimente de recuerdos
nunca jamás debiera hacerse de memoria

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