miércoles, 21 de julio de 2010

un cuento en tercera persona

Le dio una profunda fumada a su cigarro. No estaba triste, era otra sensación, vacío tal vez, como si tuviera una rata dando mordiscos en el estómago.

El siempre había pensado que ella era demasiado bonita para algo tan vulgar, que hay flores que merecen mucho más que un jardín. Algo así como la cima más alta de una montaña donde la belleza y la muerte se den la mano.

Ojalá no hubiera tenido ojos aquella mañana de lluvia-eso pensaba- o ahora de golpe perdiera toda la memoria. La imagen de su beso con aquel desconocido era un rifle apuntando en la sien que amenazaba con reventarle los sesos pero jamás acababa la ejecución.

Lo peor del amor es cuando no es tuyo.

Se acomodó en el sofá y tuvo de nuevo el maldito desliz de echarla de menos, allí a su lado, con esas manos capaces de curar hasta la nostalgia de Robert Smith.

Al instante la odió otra vez, profundamente, más que nunca pero menos que el siguiente amanecer.

Así era siempre. Pero como siempre era mentira.

Dio otra fumada, intensa, con los pulmones pidiendo auxilio, hasta quemarse los labios y pensó que quizás debería  vaciar el cenicero.


...Y esta bien reirse de esto...

2 comentarios:

Anónimo dijo...

todas las entradas que me regala tu blog tienen una frase de ricochet...
no me alaga leer ésto, no me sube el ego ni nada por el estilo, pero me alegra saber que me odies a veces, al menos de algún modo lo merezco...
te quiero mucho, a pesar de que a veces no vuelva y que cuando lo hago siempre es medio vacía.

Anónimo dijo...
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