viernes, 28 de marzo de 2014

Cigarrito

Me encontré esta nota en el panel de anuncios
de la Biblioteca de la arcis:

Extraviado cachorro pequinés.
Por esta zona. Luce collar verde.
Responde a la llamada de "Cigarrito".
TFNO: 56884256
Preguntar por Ruth.

Camino a casa,
me sorprendí escrutando la acera.
Sin darme cuenta,
me demoraba en el paso.
Al poco me vi ojeando
los contenedores,
las camionetas,
los andamios,
los adelfales del parque.

La idea de hallar al cachorro me emocionaba.
Desprendido y alegre,
me olvidé de los libros,
de mis proyectos imposibles,
de la vieja poesía
o mis malditos blogs.

Hasta me incliné a mirar debajo de los de los autos.
Y susurré Cigarrito, Cigarrito, Cigarrito...
(No sabía lo que realmente encontraría).

Me había librado de mí

Estaba poseído de felicidad.

viernes, 21 de marzo de 2014

el montón de los poemas bonitos

Yo también le escribía versos blancos
de lirios y arandelas, yo también
le dedicaba ninfas extraídas
de los libros y lamias de los libros
y volutas robadas de los libros,
con mucha Berenice y navego
en el lago dorado de tus ojos,

y ella los leía con las gafas
para leer poemas,
y me regalaba una sonrisa exacta
de dos por siete centímetros,
y me decía
“Son muy bonitos”,

y los dejaba en el montón
de los poemas bonitos,
con los poemas que le había dedicado
Wlady
y los que le había dedicado Robinson
y los que le había dedicado Camilo
y los que le había dedicado Javi
y Edgardo
y Pablo
y Gabriel
y Juan,

por eso empecé a darle versos negros
de rosas con plutonio, le empecé
a dedicar arañas recortadas
y mañanas rientes y espinosas
con mucho de Otras y qué te crees,
a ver qué pasa, quién juega a otoños
y quién vive un sueño,

y ella comenzó a quitarse las gafas
para leerlos,
y le salía una risa millonaria
de dientes y calambres,
y me decía orgullosa
“Ésta soy yo”,

y los dejaba en la mesita
de los poemas aparte,
en el montón nuevo de poemas
que sólo sabía escribirle
yo.




PD: cualquier alusión a personas vivas o muertas o weones de mierda o a chicas lindas, es completamente ilegal... pero apropósito.

jueves, 20 de marzo de 2014

Se busca

Oscar, KP, herido y abandonado por la mujer que fue musgo, corteza y montaña de su vida, y preocupado no tanto por su situación personal como por las consecuencias que ese abandono puedan causar en su obra, que es lo primero y lo segundo y lo único, ha decidido convocar un concurso para elegir a la nueva Chica que le torture e inspire en los próximos diecisiete años. Por tanto, cambiando a Sófocles por Aristófanes, dejando la lágrima y empuñando la risa, y confiado en hallar una musa que no se aparte en un solo centímetro de la original, establece los siguientes e imprescindibles requisitos:


1. Que se crea la ninfa de las ninfas y la diadema de las diademas, Afrodita y Atenea juntas, tan dotada como Siri y tan superdotada como Madame Curie. Que considere que hasta sus pedos huelen a tomillo, sus legañas a albahaca y sus estornudos a madreselva. Que no dude en celebrarse como el ejemplar más extraordinario que pisa la tierra. Que para llegar a estas conclusiones le haya bastado con su propia opinión.

2. Que sea bella y sepa utilizarlo, que allá donde acuda funde Fascinaciones SA, que vaya por las calles sudando belleza. Que hasta cuando camine por el suelo se note que solo se está posando (se le notan demasiado las alas).

3. Que tenga una parte de mariposa y dos de escorpión, tres gotas de monja y siete de puta, algo de primera de la clase y otro poco de niña que se levanta la falda a cambio de una pirueta.

4. Que no se preocupe por darme amor sino por crearme adicción, por darme cariño sino dependencia, por darme sosiego sino necesidad. Que adivine que solo me enamoro de lo que me destruye, solo escribo de lo que me daña, solo pedaleo con el búho que no soy capaz de resolver.

5. Que comprenda que necesito ser dominado. Que me ordene: “Aléjate de Mengano, es un barza; confía en Fulano, es buena persona; huye de Zutano, te dará problemas”. Que organice mi vida y ocupe mis territorios. Que nunca me pida permiso. Que no permita que los demás hagan lo mismo que ella hace conmigo.

6. Que me proporcione dolor y alegría en dosis suficientes como para inspirarme al menos los trescientos folios que me ha dado la musa original, tamaño DIN A4, Times New Roman, cuerpo 12.

7. Que considere al 95% de los poetas de Santiago unos farsantes y unos escritores de palo y zanahoria. Que amenace con ponerse a escribir en cualquier momento para demostrar que es mejor que la mayoría de ellos. Que esto no lo diga en privado y en broma sino en público y muy en serio.

8. Que le guste todo lo que sea macho: lechugas macho, flautas macho, piedras macho, hombres macho. Que me diga con detalle y puntillismo qué les haría a los hombres que le gustan, con qué artes, en qué posturas.

9. Que tenga miedo a la muerte y a los perros grandes. Que no sea capaz de reconocer un error. Que los cometa a todas horas y con talla XXL, pero jamás los reconozca.

10. Que se mofe y sienta vergüenza de las poetas que escriben versos de desamor cada vez que son dejadas. Que para predicar con el ejemplo y no hallarse nunca en la misma tesitura sea ella la que deje a los hombres, la que los castigue, la que los humille, la que nos obligue a escribir esos poemas desesperados.

11. Que solo utilice Google para teclear “escritos de Oscar kp”. Que le importe menos que la punta de un alfiler todo lo que escriba que no se refiera a ella. Que no le guste leerme sino leerse. Que se jacte: “Jamás podrás escribir sobre otra como escribes sobre mí”.

12. Que tenga una manera incomparable de echarse el pelo hacia atrás o de hacerse un moño mientras sostiene la goma con la boca. Que le gusten Queen, La Polla Records o Pablo Milanés. Que una de sus canciones favoritas sea “Tú eres único”, de Rocío Jurado. Que esa canción le recuerde siempre al hombre de su vida, quienquiera que sea durante esa semana.

13. Que no sea partidaria de las ideas moderadas y los puntos medios. Que considere a todos los cristianos malas personas, a todos los policías sinvergüenzas, a todos los patriotas ignorantes. Que opine que los contrarios al matrimonio homosexual deberían ser exterminados, ex-ter-mi-na-dos.

14. Que se vaya con otros hombres con mi autorización. Que vuelva a casa satisfecha y con olor a goma quemada. Que me cuente con pelos y señales las averías que ha causado esa noche (Este punto es difícil de creer, pero es que yo soy un hombre muy difícil de creer).

15. Que sea arrogante y vaya de única. Que proclame que jamás permitirá que la conozcan solamente por ser la mujer de KP. Que ponga tanto empeño en dar la vuelta a la pirámide que al final logre convertirme en el pobre hombre que sale con ella.

16. Que ante la belleza de otras mujeres, la inteligencia de otras mujeres, los grandes poemas de otras mujeres, la también bondad y honradez y valía de otras mujeres, se limite a exclamar: “¡Bah!”.

17. Que sea partidaria de practicar sexo solo en lugares discretos y apropiados. Ejemplos: baños de zonas públicas, parques frecuentados, salidas de los bares... Que también le guste practicarlo en las autopistas, siempre que se circule a ciento sesenta por hora, o en las calles principales de cualquier ciudad chilena, siempre que sean las doce del mediodía, o en las plazas mayores, siempre que estén presentes cientos de ciudadanos con la revisión del oculista recién superada. Que llore después de hacer el amor (porque ha disfrutado o por la alegría de comprobar que no nos hemos matado ni nos han detenido).

18. Que se extasíe con el mito de Filemón y Baucis. Que me jure que moriremos juntos arrojándonos al vacío desde la cima del San cristobal, o tomando a la vez una de las dos mitades exactas de una pastilla de veneno, o poniendo nuestras cabezas unidas bajo una apisonadora del ayuntamiento. Que me haga creer eso durante diecisiete años y luego, cuando me abandone y le pregunte qué hay de aquello, me diga vamos, Oscar, solo era una forma de hablar, no pensaba que fueras tan inocente.

19. Que se haga por su cuenta y riesgo y por doce lucas un tatuaje en la espalda. Que en ese tatuaje ponga “KP”. Que jure que no se lo va a borrar jamás, ni siquiera ahora que se ha librado de mí. Que ese tatuaje signifique “Déjame ser como soy”.

20. Que finja indiferencia ante mis amigas, pero que aproveche cualquier ocasión para minusvalorarlas. Que me haga imitaciones de sus voces y tergiverse sus frases para demostrarme todo lo fomes e infantiles que a ella le gustaría que fueran.

21. Que se enfade mucho con “los demás”. Que llame “los demás” a todo el que le lleve la contraria. Que cada vez que esté triste y se sienta atacada quiera irse en solitario a una isla lejana (pero da igual, porque el tatuaje con mi nombre le persigue).

22. Que necesite hacerles saber a los tontos todo lo tontos que son. Que se obligue a llamar idiotas a los idiotas. Que no les permita vivir ignorantes, que se sienta llamada a sacarles del error.

23. Que sea buena persona. Que sea vanidosa, que le salgan bolitas de Lucifer por la boca, pero que sea tan honrada, generosa y buena persona como la original (aunque es imposible).

24. Que decida abandonarme al de diecisiete años. Que no lo haga con avisos previos y elegancia, sino a quemarropa, sin vuelta atrás y a las 19:12 de una tarde cualquiera. Que al mostrarme desesperado durante los tres primeros días, me salte: “¡Oscar, supéralo de una vez, que ya han pasado 72 horas!”.


Se ruega a las candidatas acudan a la calle Despecho, rincón del Abandono, Nº 47, a la hora en que me vuelve la tristeza, para una comprobación detallada de los veinticuatro puntos. Si alguna candidata duda de sus posibilidades es mejor que no acuda, lo digo de verdad, la original nunca tuvo dudas.

miércoles, 19 de marzo de 2014

pajaritos y jirafas


Creo que mide 1`80. No conozco su altura exacta, nunca se lo he preguntado, pero la mujer que amo es larga como la línea uno del metro o como una trenza de cebollas amarillas. Ella me jura que ya ha dejado de crecer, pero no me fío del todo. Me acerco a su cuerpo con la piel como navaja, queriendo besarla entera y en todos sus azules, pero pronto me voy aburriendo y al de una hora me siento cartón piedra, carne de lunes, derrotado. Quiero besarla al completo pero solo alcanzo a besarla a trozos.

Al principio quise ocuparla sin mayor cuidado, empezando por cualquier parte, como si aquello fuera un centímetro o una losa menchevique, pero fue a la segunda semana, después de pasarme cinco horas besando su brazo izquierdo y darme cuenta de que aún no había pasado de la muñeca, cuando comprendí que mi novia no es una novia normal. Qué va a ser normal: mi novia es el transiberiano.

No por ello me rendí sino al contrario: comencé a trazarle mapas a bolígrafo, acordoné zonas de su cuerpo, hice cuadrantes, contraté perros y hasta helicópteros, no escatimé en medios, nada me parecía bastante. Hasta me acostumbré a clavar, cada vez que terminaba mi jornada de besos, un letrero en su piel donde decía “Precaución: zona YA besada”. Gracias a estos detalles y a los turnos intensivos de quince horas diarias, logré cubrir de besos el 3% de su cuerpo en tan solo una semana, pero también sufrí la lógica fatiga y hasta algunos desfallecimientos, todos producidos por la magnitud de su territorio. Dos labios dan para mucho, pero solo son dos labios. Y lo peor es que ella lo notaba, se da cuenta:

–¿Qué te pasa?
–Nada.
–¿Es por mi altura, verdad?
–No, claro, qué tontería.

Nunca le he dicho nada por este motivo, y ello por cuatro razones, que son las siguientes: una, dos, tres y cuatro. Además, su largura también tiene sus ventajas: ¿Saben lo maravillosos que son los abrazos de las mujeres largas? ¿Los han probado? Cuando una mujer así te rodea con sus brazos hasta dar cinco o seis vueltas sobre tu cuerpo, la sensación es indescriptible, uno se siente más abrazado que nunca. También cuenta con otras ventajas:

–¿Me alcanzas la sal?
–¿Qué sal?
–Aquella. La que está seis mesas a la izquierda.

Y la alcanza, no miento, nunca falla. Sus gadget-manos son tan portentosas que llegan a todo objeto situado diez metros a la redonda, aunque también conllevan sus problemas, sobre todo en el metro, donde tengo que controlar sus efusividades. El martes pasado, por ejemplo, dio un manotazo sin querer a un viajero que iba en el vagón siguiente, y eso que le tengo dicho que, al menos en los lugares públicos, debe ir con los pies juntos y los brazos cruzados, pero no siempre me hace caso.

Así es mi vida y mi amor con la mujer longilínea. Parece complicado pero poco a poco nos vamos acostumbrando. Tú eres el pajarododo y yo la jirafa, me dice, siempre traviesa y habilidosa acuñando brujerías. Alguna vez le he comentado que quiero escribir algo sobre su largura y ella me ha respondido que bueno, que le parece bien, que escriba lo que quiera a condición de que no exagere. Y yo pienso que eso de que no exagere sobra, ¿no? Porque yo soy un escritor realista y minucioso, casi fotográfico: no se me ocurriría nunca contar un detalle que se desviara un solo centímetro de la realidad.
Como todo el mundo sabe.

domingo, 16 de marzo de 2014

Calles

La había visto pasar antes,
era ese tipo de chica que no te mira
si no sabes su nombre.
De aquellas que le ponen voz a las sonrisas que se cruza.

Yo acababa de cumplir diecisiete y solía fumar
para que me pidieran fuego.
Ella tenía mi edad
pero si decía veinticuatro
no había hombre en el barrio tan estúpido
para ponerlo en duda.

Llevaba música en los zapatos,
no me refiero al sonar de sus pisadas,
quiero decir que verla caminar
tenía banda sonora.
Como si te metieras dentro de una melodía
y no pudieras salir hasta que doblaba la esquina.
Luego tarareabas su ausencia
y comprendías que para evitar la soledad
tenías que silbar una canción hasta encontrarte.

Silbé muchas canciones aquel año,
ninguna fue mejor que su camino.

Me recuerdo asomado a la ventana.
- Te enamoras de cualquier mujer que pasa por la calle-
Decía mi madre.
Supongo que suspiraba demasiado.
La realidad es que yo ya  estaba incluso enamorado de la calle
porque por ella pasaba esa mujer.

Luego un día,
otra chica cualquiera me besó a la luz de una farola
y la calle, mi calle, se quedó a oscuras.

Cambié la melodía de su ausencia
por un ritmo desafinado
de dos lenguas que buscaban el amor que no le dieron
en la boca equivocada.

No volví a silbar hasta los veinte.

A veces todavía cierro los ojos
y veo aquella calle
y a ella caminando como quien nunca llega tarde.
Una parte hermosa de mí sigue aún en la ventana
esperando como un idiota que después de su nombre
estuvieran sus ojos.

Porque la llamé, la llamé muchas veces
y aunque si que me miró nunca jamás
consiguió verme.

martes, 11 de marzo de 2014

una estúpida forma de decir adiós.

Si tus manos se olvidan de salvarme del precipicio,
si tus dedos se han cansado de desatarme la vida
si a mi nombre lo has anclado al fondo de tu garganta,
si tu lengua ya no sabe el sabor de tus  orgasmos.
Si tu dientes ya no quieren tatuarme tu sonrisa,
si tus ojos ya no ven más allá de lo que miras,
si tu pelo y mi almohada se recuerdan con nostalgia,
si el color de tus zapatos ya no es el de mis sueños.
Si tu piel es traducida a un idioma desconocido,
si en tu forma de callar solo encuentro más silencio,
si tu odio y un portazo no me dicen hasta luego,
si tu amor y una caricia no prometen para siempre.
Si tus piernas no se abren como flores en el campo,
si en el vaho de tus suspiros no coloco nuestros nombres,
si tus muslos no reclaman que arrodille mi deseo,
si tu culo ya no incita que le escriba al equilibrio.
Si tus pies y mi camino se han llevado la contraria,
si un prohibido te censura y un perdona te conmueve,
si los charcos no reflejan la verdad sobre la lluvia
si un paraguas te resulta un lugar acogedor.
Si le has llamado destino al último cambio de acera,
si has llegado con retraso para no verme venir,
si tu cuerpo ya no tiembla si te llamo por tu nombre,
si tu nombre ya no tiembla si te llamo por tu piel.
Si ya no soy capitán del naufragio de tu barca,
si ya no soy esa isla ni tu quieres ser ciudad,
si ya no sabes si yo, por el temor a ser mía
si yo no quiero otro tú que el que me acerque a ser yo.
Si ya no quieres volver, si no has sabido quedarte,
si yo no quiero quedarme por si no piensas volver,
si vuelves ya no estaré por temor a que no vengas,
si estoy tú no vendrás por si acaso ya me fui.

domingo, 2 de marzo de 2014

El único modo de no sentirme solo.

Podrías pensar que tengo razones suficientes
para querer follarte,
que la amabilidad de mis palabras,
es el disfraz atípico de lo perverso.

Imaginar también que este ímpetu en subirte la autoestima,
conlleva consigo el deseo de querer bajarte los calzones.

Puedes sospechar incluso que contigo mi lengua
se está moviendo siempre en el lugar equivocado.

Que al fin y al cabo soy un hombre.
(Con todo lo que significa esta maldita etiqueta)
Y tú eres tan bonita que todavía no me creo
que no haya una ciudad a tu nombre.
Que cada vez que descruzas las piernas sube la marea
y hay un naufragio del que no quiero salvarme.
Y tienes esa pose imperfecta,
entre la ingenuidad y el descaro,
entre lo cotidiano y lo irreal
que consigue hacer terrible
todo aquello que está lejos de ti.

Puedes tener el total convencimiento,
de que cada adjetivo lleva implícito una miga de pan
para no perder el camino hacía tu boca,
que cada verbo es una pista de hielo
para hacer que resbales lentamente
y tu caída y mi mano,
parezcan una más de nuestras casualidades.

Suponer tal vez que es estrategia,
una táctica ya usada en otros muslos,
donde yo echo de menos no encontrarme
y tu has dejado de buscarte por si me hallas.

Intuir también que estas manos escriben
porque no pueden tocarte
y tu no quieres tocarme
para que siga escribiendo.

Puedes pensar y estás en tu derecho
de que solo quiero follarte.

Pero a veces la verdad es mucho más simple
y a pesar de este alrededor que me rodea,
de este ir y venir de gente conocida,
de una sonrisa aquí,
de una copa allá,
del abrazo del "amigo",
o de esas bocas que no saben ni que existes,
tu sigues siendo todavía el único modo que conozco
de no sentirme solo.