viernes, 21 de marzo de 2014

el montón de los poemas bonitos

Yo también le escribía versos blancos
de lirios y arandelas, yo también
le dedicaba ninfas extraídas
de los libros y lamias de los libros
y volutas robadas de los libros,
con mucha Berenice y navego
en el lago dorado de tus ojos,

y ella los leía con las gafas
para leer poemas,
y me regalaba una sonrisa exacta
de dos por siete centímetros,
y me decía
“Son muy bonitos”,

y los dejaba en el montón
de los poemas bonitos,
con los poemas que le había dedicado
Wlady
y los que le había dedicado Robinson
y los que le había dedicado Camilo
y los que le había dedicado Javi
y Edgardo
y Pablo
y Gabriel
y Juan,

por eso empecé a darle versos negros
de rosas con plutonio, le empecé
a dedicar arañas recortadas
y mañanas rientes y espinosas
con mucho de Otras y qué te crees,
a ver qué pasa, quién juega a otoños
y quién vive un sueño,

y ella comenzó a quitarse las gafas
para leerlos,
y le salía una risa millonaria
de dientes y calambres,
y me decía orgullosa
“Ésta soy yo”,

y los dejaba en la mesita
de los poemas aparte,
en el montón nuevo de poemas
que sólo sabía escribirle
yo.




PD: cualquier alusión a personas vivas o muertas o weones de mierda o a chicas lindas, es completamente ilegal... pero apropósito.

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