lunes, 30 de septiembre de 2013

todo lo que quiero ser...

La verdad es que de todas las cosas que sueño,
la mas linda me pasa contigo.

sexo bajo la lluvia,
un viaje a Amsterdam,
explotar burbujas de jabón con el rasurado de tu pubis,
rompernos la risa por usarla demasiado,
pintar las nubes del color de tus ojos,
las paredes del color de tu abrigo.
Salvar a un lince,
matar a un hombre,
volar, volar más alto,
caernos.

El amor es caerse
y en lugar de levantarse
hacer que caigas conmigo.
Aprovecharnos del suelo
para lamernos el vértigo.
Y flotar. sin importar cuan debiles
creamos vernos al mirarnos a los ojos.

Gritar tu nombre desde el Empire State
y que todas las mujeres quisieran llamarse como tú,
amanecer en Nueva Delhi
y mordernos el hambre,
conseguir que los canales de Venecia
se sonrojaran de pudor ante tus muslos.

Y perderte de camino a nosotros,
equivocarme de regreso a cualquiera,
encontrarte,
que el placer siempre se esconde en el lugar más prohibido.

Pero tu sabías,
que el amor que nunca acaba en nada
es aquel que no se da del todo y tu miedo la
coraza que nos separa el alma y rompe los corazones a la mitad.

- tengo miedo a ser humana otra vez. Eso dijiste.
Y aún no crees en la magia del todo.
si la magia no existe como este tímido sapo
se convirtió en príncipe?
como las letras se reencontraron solo por mirarte a escondidas?


pero tu sabias que el amor que nunca acaba en nada es aquel que no se da del todo.
Para que hablar un acabar si todavía no empezamos.
nos unen tantas cosas y simplemente no nos une nada.
Rompamosle el verso a Neruda...
que nos una todo lo que no nos une,
incluso que nos puede separar ...
caigámonos aunque duela, dejemos las baldosas empapadas en amor
y sazonadas con nuestro sudor.
... que todo lo que no eres, es lo que puedes ser conmigo...


para Jordana (la reina mas linda de los siete reinos)

para que no entiendas

enséñame a besar
hoy que el aguarrás aun no nos llega a la saliva y en estos minutos que pintó Dalí
quizás quepan otro par de niños con el mundo descalzo la frente sin banderas y pocos septiembres bajo las uñas.


enséñame a besar
ahora que mis poros te exhalan junto al smog, límpiame los ojos con esa marea que en las noches te desabrochas rescátame antes que las estadísticas nos recuerden que seguimos siendo eternos y en este pentagrama, donde la nada cumple abriles, me acabe tropezando con las botellas vacías que utilizo de bitácora.


enséñame a besar
si quieres, digamos…
pero aléjate luego cuando el tráfico se haga luna nueva y déjame al menos soñarme leyendo en voz alta entre tus piernas los poemas que respirando horas de plomo camisas de fuerza en oferta grises subtitulados en Ingles he escrito para que no entiendas.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Ellas

Digamos que la mujer precisa
no fue aquella gordita de ascendencia coreana
que broncoaspiró con mi semen.
tampoco Natalia
que saltó por el balcón
cuando amparado por el santo patrón de las descaradas equivocaciones
se la metí por el culo
sin previo ni protocolar aviso.
menos aun Carolina
que nunca entendió esa simplísima fantasía
que consistía en hacerle el amor
a ella y a su madre
en el folklórico rio de mapocho.

Digamos que algunas me las tiré por ósmosis
a otras a punta de sueños
y sobre manchas de soledad.

El caso es que nunca coincidimos…
yo estaba en mi asteroide
coleccionando traiciones y otros gazapos que luce la vida
cosiéndome palabras a la piel
para luego quemarme a lo Bonzo
lejos de la fibra óptica
ausente de las precipitaciones de torres y bombas de espalda a la Camara de comercio
que mostraba el hambre y la desesperación en HD.

Ellas seguro que encontraron al Ulises o al  Grenouille de sus sueños y tuvieron orgasmos dignos de los Oscar o los Globos de Oro,
fueron a un altar para matricular en el concepto de rutina, trajeron nuevos hijos de putas al mundo por aquello del instinto y ciertas cuestiones de la mercadotecnia y tuvieron la prudencia de olvidarme justo cuando las comenzaba a hacer poesía.

Digamos que la mujer precisa es la que me espera en aquella trinchera donde a pesar de la pólvora de algunos libros y otras guitarras que tartamudean siempre le pido disculpas por esto que soy y que me bese cada mañana en los rencores cuando me toque regresar húmedo y legañoso.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Sabotaje

No soy el mejor hombre que has conocido,
ni la mitad de bueno de los que te quedarían por explorar,
ni siquiera tengo estudios y mi voz
se quiebra ante cualquiera que me mire a los ojos.
Mi tristeza se acentúa los domingos
pero en realidad es mi estado más corriente.
A veces sufro ansiedad,
también ira,
tengo veinte segundos complicados en los que puedo
desde matar a un hombre a dormir sin ella.
No diría que estoy loco pero soy un cuerdo anormal.

En serio, soy un desastre,
ni siquiera soy fiel,
si escucho tacones bailo canciones perversas,
si veo un escote busco el mar en otros puertos,
mejor no hablar si al poniente
le da por levantar una falda en mi presencia.
La última vez que pedí perdón
tenía diecinueve años
y el ya no podía escucharme.

Hace tiempo que no confío en nadie,
la esperanza me resulta un acto masoquista,
la fe un mal truco de magia,
el destino un folio en blanco
que escribo con faltas de ortografía
para que el tampoco sepa guiarme.

Quizás si te vas ahora,
alguien podrá darte el placer
que no concibo sin dolor.
Alguien, cualquiera,
podrá hacerte promesas preciosas de esas
que jamás se cumplen
 y tu puedas sonreír dignamente,
atando tus sueños a un futuro que no existe.

Creo cuando miro tu boca,
que hay mujeres que deberían poner más cuidado
en esconder la sonrisa que los calzones.
Pero esto casi solo me ocurre contigo.

Supongo que tu boca es capaz de hacer esclavo a un hombre.
Y seguramente a estas alturas de mi vida
lo fácil sería no rebelarse.
Y dejarme llevar o caer,
porque cuando la abres así como quién bosteza sin más
yo veo un precipicio donde caer es levantarse
y huir de ella es conseguir que el vértigo
te persiga hasta que te tumbe.
Y tumbados ya sabes que el amor
a mí siempre me ha sabido a vulva.


Pero es cierto,
que deberías marcharte,
a que el amor te sorprenda por la espalda
y dejar en la puerta un te quiero
por si un día al salir no se quien soy.

Porque si te quedas,
no sabrás que pienso cuando pienso tanto,
ni oirás un yo también después de un te amo,
porque jamás supe forzar una palabra
y ya es tarde para contradecir mi abecedario.
Y no sabré decir nunca que te quedes,
ni aunque sea mi deseo primordial
porque si yo pudiera irme de mi mismo,
también lo haría.

Ni siquiera si decides quedarte
podré escribir algún verso decente en tu nombre
porque sería demasiado feliz
para escribir cualquier cosa.

Quizás no entiendas que hay gente,
que necesita echar de menos
para no echarse de más.
Que hay gente a la que sonreír en estos tiempos
le parece un insulto,
que respirar una osadía,
que vivir un arrebato,
que perder una rutina.

Quizás no entiendas que soy de ese tipo de gente.
Alguien incapaz de volar sin resaca,
un tipo que se juega a la carta más alta
su próximo desequilibrio.
Un algo que no es alguien
si no suena su nombre
desde la garganta más profunda
de un bar de carretera.

Deberías irte,
recoger tus caricias de mi espalda,
atravesar mi corazón hacía fuera,
que pueda verse en el agujero de mi pecho
los escombros que has dejado tras tu marcha.
Ignorar aquello que ves en mis ojos,
lo que te gritan mis párpados cuando te observo
porque en realidad solamente la ignorancia
puede hacer feliz a las personas.

Y bajar las escaleras con tus tacones negros,
los mismos que te quitaba con la boca,
cada noche que el deseo
nos ponía de rodillas.
Y perderte calle abajo,
como se pierden los aviones y los buses
y las putas de la calle
y las madres de los niños de colegio.
Como si pierden las nubes que no mojan
o el sol que no calienta.
Sin un adiós, sin hasta nunca,
solo silencio.

Deberías irte ahora mismo,
porque es el único modo que tenemos de saber
si de verdad te necesito.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Búscame cuando acabe septiembre…

búscame cuando acabe septiembre… por aquello de los desheredados y otros poetas militantes de la esquizofrenia por culto anacrónico a los dadaístas o a la puta montaña de Thomas Mann.

búscame incluso después de tu ultima menstruación, aunque hayan plantado una ojiva nuclear en el parque en que nos conocimos, aunque hayas vendido unos de tus riñones, cuando te hartes del amor y prefieras practicar otras variantes del masoquismo, cuando los paramédicos te rescaten de tus rutinas aunque del tipo que recuerdas no queden mas que estos bocetos de catarsis.

búscame aun en contra de tu hemisferio izquierdo… no importa que no hayas desfibrilado tu esperanza que ya de esa estupidez me preñaron una vez, no traigas el guión de “Papa, Mama, hijos y la casa feliz” que para ciencia ficción ya nos sobra con el marxismo. Deja de hacer zapping entre el viejo Freud y los traumas de nuestra patria (y edad).

búscame el las paginas amarillas de la Plaza de Mayo, en la lista de espera en la estación de Dachau, en el índice del manual de psiquiatría clínica, en el abecedario de los suicidas acobardados, en la sección de pasaportes vencidos o en los silencios de tu biografía.

Búscame cuando acabe septiembre… cuando mirar atrás no devuelva la sal a nuestros labios.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Houston, tenemos un problema.

Houston de nada sirvió enseñarle a bailar salsa a mis primos de Chernóbil, sacar de homerum los miedos a la oscuridad, mirar al cielo y sufrir en años luz, disfrazar de vocación el crecer hacia adentro, heredar los talones del abuelo y las pastillas de la abuela.

Houston al final acabé quedándome más solo de lo que siempre soñé en este asteroide en el que trago años y orino historias entre floresillas de nadie. Mientras le doy psicoterapia a mis volcanes cuelgo mis muertos en las paredes, deambulo en los aeropuertos con la ilusión de que algún día esta cobardía despegue y me haga nacer de un aguacero o cualquier otro artilugio del verano al que puedan emigrar sus parpados.

Houston desde aquí no veo la Muralla China y mucho menos el parque en que aquellos dos niños prometieron olvidarse a base de cartas (…) así que mejor dejamos que todo se siga yendo a la mierda que es al fin y al cabo mi verdadero problema.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Si supiera...

Si supiera el centímetro de piel
donde tu espalda se quiebra,
o conociera tu vientre
como la palma de la mano del diablo.

Si estuviera seguro de en que minuto del reloj
necesitas un abrazo,
con que mentira te haría feliz,
con que promesa soñar.

Si conociera a que te huele el cuello después del amor,
a que te sabe la boca antes del deseo,
que canción tarareas en la ducha
mientras los azulejos se humedecen
más por verte que por la caída del agua.

Si ya tuviera la frase para llevarte a la cama,
el diálogo para el exilio de tu pudor,
la caricia para que nunca nos fallara la cobertura.
Si tuviera la certeza de tu lado preferido de la cama,
de que ropa te pondrás este domingo,
del camino que tomarás para esquivar,
el sexo sin amor de los portales.

Si ya supiera desamor lo que ahora ignoro
y nos quisiéramos de ese modo tan absurdo
que da la falta de misterios y el cariño,
ya nos hubiera reventado sin clemencia
en el alma y en la boca la rutina.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Estar caliente

 Estar caliente no es algo que quepa en un bolsillo. Que puedas guardar en un cajón. Que puedas olvidar como un cumpleaños. Estar caliente crea violadores y suicidas. Partos no deseados y maridos cornudos. Al estar caliente se roban anillos de dedos anulares con la misma eficacia que el amor los coloca.

El estar caliente no se puede pactar, es una guerra contra uno mismo donde siempre gana la sangre.

Estar caliente es mirarte y donde todos ven una sonrisa yo observar fuegos artificiales. Es subir mis ojos por tus piernas hasta donde me permite tu falda y bucear imaginariamente entre tus muslos aprovechando un suspiro como racha de viento. Es verte vestida de negro y que brilles, que te vayas y que tu bendita luz siga parpadeando en mi cerebro como las luces de un toples.

Estar caliente no es masturbarse pensando en ti, es pensar en ti y tener que masturbarse.

Es verte en el rostro de cualquiera, olerte a kilómetros de distancia, tenerte a pesar de tus ausencias.

Eso es estar caliente. Y esto es, en lo que me convierte. Un hombre hambriento.