domingo, 1 de septiembre de 2013

Estar caliente

 Estar caliente no es algo que quepa en un bolsillo. Que puedas guardar en un cajón. Que puedas olvidar como un cumpleaños. Estar caliente crea violadores y suicidas. Partos no deseados y maridos cornudos. Al estar caliente se roban anillos de dedos anulares con la misma eficacia que el amor los coloca.

El estar caliente no se puede pactar, es una guerra contra uno mismo donde siempre gana la sangre.

Estar caliente es mirarte y donde todos ven una sonrisa yo observar fuegos artificiales. Es subir mis ojos por tus piernas hasta donde me permite tu falda y bucear imaginariamente entre tus muslos aprovechando un suspiro como racha de viento. Es verte vestida de negro y que brilles, que te vayas y que tu bendita luz siga parpadeando en mi cerebro como las luces de un toples.

Estar caliente no es masturbarse pensando en ti, es pensar en ti y tener que masturbarse.

Es verte en el rostro de cualquiera, olerte a kilómetros de distancia, tenerte a pesar de tus ausencias.

Eso es estar caliente. Y esto es, en lo que me convierte. Un hombre hambriento.

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