sábado, 14 de septiembre de 2013

Houston, tenemos un problema.

Houston de nada sirvió enseñarle a bailar salsa a mis primos de Chernóbil, sacar de homerum los miedos a la oscuridad, mirar al cielo y sufrir en años luz, disfrazar de vocación el crecer hacia adentro, heredar los talones del abuelo y las pastillas de la abuela.

Houston al final acabé quedándome más solo de lo que siempre soñé en este asteroide en el que trago años y orino historias entre floresillas de nadie. Mientras le doy psicoterapia a mis volcanes cuelgo mis muertos en las paredes, deambulo en los aeropuertos con la ilusión de que algún día esta cobardía despegue y me haga nacer de un aguacero o cualquier otro artilugio del verano al que puedan emigrar sus parpados.

Houston desde aquí no veo la Muralla China y mucho menos el parque en que aquellos dos niños prometieron olvidarse a base de cartas (…) así que mejor dejamos que todo se siga yendo a la mierda que es al fin y al cabo mi verdadero problema.

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