martes, 8 de julio de 2014

Aterrizaje...

Tendré que empezar a pensar que la vida también son las semanas que no te encuentro. Que hay más cosas que calcular los movimientos exactos para evitar que algo se rompa o medir distancias. Andar a untadillas; temer lo bello. Tendré que empezar a pensar que la vida también es eso.

Supongo que al fin y al cabo todo son momentos ¿no es cierto? Momentos que un día ya no duele recordar o al menos, no como el primer día. Después de todo ¿qué nos queda? ¿El vacío de perderte? ¿La pregunta retórica de si volverás algún día?

Volvamos a empezar.

Recuerda aquel día en el que solo deseabas pasar conmigo cinco minutos más. El adjetivo “preciosa” convertido en tu nombre a cualquier hora del día. Los mensajes a las mil de la mañana solo para recordarme que me querías. No porque quisieras nada en especial; estabas en casa y necesitabas recordarme lo mucho que me echabas de menos. Eso, eso también es la vida. La felicidad en un instante. Los recuerdos en un vaso que esta vez se rompe.

Y mira, quizás ahora sí. Quizás pueda gritarte que te odio y te quiero al mismo tiempo. Que en esta vida, hay cosas tan irreemplazables como cada momento que vives. Después de todo, el último recuerdo es una despedida y esta vez, esta vez sí puedo confesarte que tengo miedo. Que no quiero volver tener que decir adiós nunca más y que si fuera la última vez que me despidiera de ti; bastaría un abrazo de esos en los que con mirarte a los ojos, sobran las palabras. Que estamos absueltos y el mundo, el mundo por segundo es tuyo.

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