lunes, 15 de julio de 2019

Le llamaban Ruina.

Estaba tan rota, que le llamaban Ruina.

Tenia esa forma...
Especial de dejarse llevar por el viento
con el vuelo de su falda,
y colarse en los pulmones de alguien, para dejarle sin respiración.

Pasaba desapercibida para todos aquellos que no creían en la magia.

Pero, aunque no lo sabia...
Era la chica a la que todo el mundo querría hacer feliz.

Como no tenia a nadie que le vaciara la luna en la copa...
Cuando el vino se acababa, tapaba sus heridas y nunca
se las curaba.

Creía que la única forma de no tener  cicatrices...
Era conseguir que todas esas heridas se mantuvieran abiertas.
Asi que por las noches se autodestruia en su cabeza...
pensando que nunca seria lo suficientemente buena,
como para bailar al son de alguien sin pisarle los pies.

Escribía, o mejor dicho:
Saltaba a todos los precipicios construidos en papel.
Lo que para el resto era un vacío...
Para ella era un hogar.

Tenia los ojos del color del frió y la misma mirada de
la soledad que le acompañaba.

Y en el corazón le latía una melodía...
que nunca nadie le había sabido descifrar.

Sufría por todos y no lloraba por nadie en especial,
sino como puede hacerlo una nube en mitad de una tormenta...
Suspiraba como puede hacerlo el viento cansado ya de respirar.

Pero ante todo, se movía inquieta con los nervios a flor de piel
como si se le hubiese colado dentro la primavera,
como si le estuviesen saliendo las alas...
y ella solo desease echar a volar.

A la hora de actuar, tenia valores y razones
que nadie entendería jamás.

Contaba las estrellas y -cuando se perdía-
lo volvía a intentar, como si estuviese segura de
guardar todas y convertirlas en un cofrecito hecho canción.

y es que lo que mejor se le daba...
era soñar.

Para mi amiga Fran...
a la que antes le llamaban ruina, pero que ahora sus alas,
le están enseñando a volar.

te quiero.

















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