Voy a meterme dentro de otro libro. Dejar que sean sus manos las que me desnuden. Que sus gargantas me pongan voz y así no tener que sucumbir por mi mismo a su nombre. Les permitiré odiarme también, a veces por cobarde, otras por necio. Podran clasificar mis vicios por orden alfabético, mis manías por orden cronológico, mis sueños por desorden afectivo. Dejarme de lado cuando empiece su serie favorita. Lanzarme al fondo de una biblioteca cuando estén cansados de este amor eterno. Llorar cuando un verso les recuerde que a ustedes ese tren que yo perdí, también les pasó de largo.
No pondré obstáculos al orgasmo, a la caricia, al espérate que cene y ahora vuelvo. Soportaré cualquier excusa que no se convierta en promesa. Seré la marioneta del hilo de su memoria. Hacerme danzar, nunca en un baile al tropezar lo hemos llamado abrazo, hasta hoy.
Pueden volar conmigo, caer sin mí, flotar con ellos. Anclar sus ojos en una página cualquiera, garabatear todas las esquinas de cada folio, agarrarse a cada punto suspensivo, balancearse del columpio de una coma, cambiar cada punto final por un beso con lengua a la luz de la luna.
Estaré bien allí encerrado. Soy ese extraño pájaro que no vuela si le sobra el cariño. Que ha vuelto a su jaula a silbar aquella canción de que todo es posible. Que siempre prefirió el mar al cielo y que llama a la poesía hogar, si eres tú quien la lee.
Para Fran, la mejor de las amigas...
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