Ni siquiera he hecho preguntas, ni a tu madre, ni a tus primos, ni al choapino de tu casa. Cualquier respuesta iba a dolerme. He optado por la ignorancia absoluta. Por esa fantasía absurda de la esperanza. Por ese abismo profundo del por si acaso.
Te he imaginado llorando, perdiendo trenes y trabajos, buscando mi nombre en el bolsillo de tu chaqueta, mis manos en la oscuridad de tu habitación, mi voz en el silencio de tu lengua.
No he podido nunca en esta memoria mía verte sonreír. Porque tu sonrisa multiplicaba mi fracaso. Porque nunca, en la vida, he podido desearle lo mejor a alguien, que a su vez me estaba quitando lo mejor de la mía.
Hoy si. Hoy te imaginado sonriendo, en otra cama, en otra boca, en otra vida. Y esto no significa que te haya dejado de querer, eso pasó hace mucho tiempo. Hoy simplemente ya no te odio y supongo que es ahora, cuando empieza el olvido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario