jueves, 22 de noviembre de 2012
El hombre que se abrasaba a los postes, cap 10
- Era tan bonita, que se hizo lesbiana de sí misma. Incluso la vi masturbarse frente al espejo, excitarse con el color de su piel, con cada pliegue de su carne, en posturas tan imposibles, que cualquier jurado estricto de gimnasia artística, no hubiera tenido más remedio, que levantar el cartel con el numero diez.
"Cara de perro" estaba más enamorado de la ausencia de Pamela, de lo que lo había estado de su presencia en aquellos tres años.
- No era una mujer cualquiera, era cualquier mujer que le hubiera apetecido ser. Dijo con la vista perdida en el fondo del vaso de whisky.
- ¿Como era ella? Preguntó sin levantar la mirada.
- ¿Quién? Dije interrogante.
- ¿esa mujer, la que de tanto hablas? Volvió a insistir. Esta vez mirándome al centro de los ojos.
Suspiré profundamente. Siempre me dolía escuchar nombrarla en boca de otro. Me encendí un cigarro, apuré una calada profunda lanzando el humo como si fuera nostalgia.
- Ella era el todo, que le falta a esta mitad. Dije.
"Cara de perro" se quedó observándome, como quién intenta hacer una ecuación imposible.
- ¿Tú sabes que yo no llegué ni a la media, no?
Asentí con la cabeza.
- Entonces a mí no me vengas con frases de esas para mujeres que se dejan sorprender. A mí háblame claro. Ingirió media copa de un trago y se marcho a mear.
Una noche, en la que "cara de perro" había solucionado sus diferencias a puñetazos con dos ingleses, mientras el resto del bar observaba los golpes sin intriga pues ya sabían de donde saldría toda la sangre, "el viejo Julio" me dijo en voz baja.
- Este tipo se jacta al decir - Gracias a Pamela, soy lo que soy- ignorando que nosotros lo que vemos es un monstruo y consigue que aún sin conocerla, todos odiemos a esa maldita mexicana.
Mariela me hizo un gesto con el rostro para que mirara a la puerta, me giré sin mucha curiosidad y allí estaba ella. María. No estaba lloviendo esta vez, de hecho hacía veinte días exactamente que no caía una puta gota en esta maldita ciudad. Llevaba su pelo negro recogido, lo que le daba a la cara un tono más agresivo. Como si hubieran soltado una pantera en medio del bar. Tenía unas mallas negras tan pegadas a la piel, que en el triángulo equilátero que le hacía la vulva se podía leer el verbo follar en doce idiomas diferentes. Unos tacones de unos trece centímetros por encima del infierno, una blusa negra y una sonrisa de saber cuanto morbo despertaba su presencia.
- ¿ Quién mierda es? Preguntó "cara de perro" una vez regresó del baño.
Sin dejar de recorrer sus pasos con los ojos pegados a su silueta solamente puede soltar - Un sueño y esta vez espero que nada me despierte-.
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