A veces me da por contar las farolas de camino a casa,
esas que ni saben lo que sueño, ni siquiera me conocen,
ni nunca reconocerán tu sombra.
Continúan a lo largo de la calle
hasta el punto que confundes una sola,
con el resto.
Una sola con el resto, eso... nunca me pasó contigo.
Incluso le dan la vuelta a la ciudad,
891,892,893...
Una vez llegué a contar hasta mil doscientas
y no te lo vas a creer
pero había más luz en tus ojos,
que en toda esta maldita ciudad.
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