viernes, 7 de febrero de 2014

Si no puedo contarlo no quiero amarla,

Escribo sin querer y porque a ella le da la gana. No sufro ni trabajo, tan solo abro el cuaderno y las natalias que guarda mi mente, con pelo corto o pelo largo, van saltando a las hojas con las manos limpias y se ponen solas en las líneas, una a una, mientras fuman fuerte o tararean canciones. Qué espectáculo verlas correteando por el papel mientras se van probando las letras, la natalia de allá una hache, la de acá una uve, la del medio una zeta, la del fondo gritando, chicas, queda media hora, salimos en el blog a las 9:30, la entrada se llamará Si no puedo contarlo no quiero amarla, estan avisadas.

Basta con enamorarme para que la amada me escriba todo y me sea todo, lo mismo la rana y la princesa, el hangar y el avión, el atril y el poema. Solo perseguí a esta chica porque me parecía la mejor, la hembra de mayor, la jefa de la manada. Y eso debe saberse. Que se sepa, que se sepa. Nada de quererla en secreto o amarla sin decirla. ¿Quieres que sea feliz en la sombra, sin tambores ni cablegramas? ¿Que sea humilde, de verdad humilde y qué asco humilde? No, lo siento. Yo no he estudiado de eso. No concibo a Natalia sin festejarla. Si no puedo presumir no quiero vivirla. Si no puedo contarlo no quiero amarla.


Pd: deberia estar trabajando ahora, pero las letras me atraparon.

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