Solo ensuciar la chaqueta metálica de la noche
hasta que salte el leopardo que duerme en la avellana.
Solo agitar la corbata planchada de los relojes
hasta que estalle el cristal que defiende la prosodia.
Solo escribir como si fuera la última vez.
Decir, por ejemplo:
El coche que mató a Lady Di daría para un buen anuncio
de acordeones.
Decir, por ejemplo:
Me gustaría coger una ola tan alta como el largo de tu pelo,
y correrme despacio en tu cara
como si fueras una activista de Greenpeace.
Solo atacar las hebras nerviosas del aire
como si cada día fuera el colmillo sediento de un perro.
Solo crujir el teclado de las ocho horas
con la serpiente de madera de tu maldita ambición.
Solo soñar.
Decir, por ejemplo:
Aquel muchacho aprendió tanto que su cerebro
ya no entraba por las puertas de ningún mall.
Decir, por ejemplo:
El escote de monica belucci ofrece espacio de sobra
para que vivan dos avispas y tres clavicordios.
Decir, por ejemplo:
¿Es cierto que el rey vendió a su padre? ¿Es cierto
que el rey mató a su hermano? ¿Es cierto?
Solo atajar las líneas rectas de los funerales
y crear nuevas variedades de ruido.
Solo gritar sin que pidan gritos
y comer carne de ciervo por ninguna necesidad.
Solo libertad
dentro del poema
solo libertad
solo
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