hambre
Puede resultar absurdo y perverso. Tirar a conciencia un cubierto al suelo para poder verle las piernas por debajo de la mesa. Más cerca de una escena de vil porno amateur, que del sutil erotismo que toda ella desprendía. Pero eso hice. Una cuchara para ser exactos. Ella abrió las piernas como quien descorre las cortinas de una casa para que entre la claridad. Ya había amanecido entre sus muslos. No llevaba calzones, como si hubiera deducido antes de la cita que aquella noche tal vez, nos faltaran manos. Luego su sonrisa por encima de los platos aún vacíos, me quitó definitivamente la cuerda donde sostenía mi equilibrio. La diferencia entre caer y flotar dependía de sus ojos.
El camarero esperó pacientemente, no supimos que pedir y nos marchamos. Ambos sabíamos en aquel momento que aquel restaurante, no iba a poder hacer absolutamente nada para saciar nuestra hambre...
A claudia (porque ha sido una lata despertar y no encontrarte)
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