jueves, 23 de septiembre de 2010

Por lo menos ya empezo la primavera...

A mí el otoño siempre acaba por recordarme a tu pijama,
aunque ya ni las hojas de los árboles
se decidan a bailar para nosotros.

Y no, no es tan horrible
ver al gris devorando los azules,
me recuerdan a cierta chica
en la heladería esa que hacía esquina
en la calle de las putas,
donde había una negrita con nombre de coctel
que me hacía eyacular con la sonrisa.

Te prometí que sí te ibas,
te insultaría solamente con palabras esdrújulas
y le pondría letra
a esta forma de llover en los tejados
y que me moriría sin ti.

- Si te marchas me voy a morir de amor- Eso te dije.

Y ahora que han pasado los años
casi me averguenza el seguir respirando.

Lo realmente triste,
es que no hay un sólo maniquí en toda la ciudad
que tenga tu cintura.

O que el otoño se dedique a vestir a las mujeres
al tiempo que yo desnudo mis palabras
por si un día de estos te da por regresar
a lamer mi consonante preferida.

Era fácil quererte por eso que hacías con los paisajes
y porque conocías el punto exacto de mi anatomía
donde yo ........

FLOTABA

Y porque una vez hubo un otoño tan hermoso
que le fui infiel a todas las primaveras de mi vida.

Pero ahora no,
ahora no es más que una estación con aroma a nostalgia
y la nostalgia huele a vacío en el armario,
a lunes sin dueño
y a mujer de otro.

Me siento al fondo, a la derecha,
más allá del horizonte,
entre tu verso preferido
y una hache intercalada
a fumarme de golpe todas tus mentiras
mientras observo impasible
el desnudo de los árboles.

por lo menos ya empezo la primavera...

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