Debería de huir lejos, más lejos,
mucho más lejos aún de donde alcances,
a algún pueblo perdido que no sepa
lo que se siente al pronunciar tu nombre.
A un lugar sin mar, ni veraneos,
ni chicas con sombrero que te observan
con la crueldad de quien añora algo.
A un mundo donde nadie se pregunte,
que fue de aquella diosa casi rubia
que paseaba conmigo de la mano.
Debería de correr hasta que el sur
no sea más que norte y anochezca
antes en tu cintura que en mis ojos
y la poesía olvide por completo
los versos que le debo aún a tu boca.
Amanecer desnudo en cualquier cama
que nunca haya gozado tu perfume,
abrirle las cortinas a mi vida
y que un paisaje con tu dulce ausencia
me folle en mi postura mas sumisa.
Debería de marcharme de mi mismo,
de ti, de mi familia, de mis "amigos"
de tu cabello al viento de levante,
de tu no se,
de mí ojalá,
de tú otro día.
De la canción aquella del suspiro,
de tú quiéreme algo más o no lo siento,
de mí no saber odiar lo que te quise.
Debería de huir de una vez por todas,
también de tu latir descompasado,
también de mi tic-tac sin segundero,
también de lo que queda en el recuerdo.
Debería de alejarme y sin embargo,
sigo aquí en el mismo punto exacto
donde aquella mañana me dejaste.
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