domingo, 19 de junio de 2011

todos iguales

Tu pensabas que yo me acostaría con cualquier mujer
que me dijera que le gustaba lo que escribo,
yo opinaba que tú harías lo propio con cualquier hombre
que te mintiera sobre como te quedaba
aquel vestido nuevo de flores.

Y lo cierto es que una vez más como casi siempre
solo tú tenias razón.

Porque supongo que la fidelidad en mí
no es más que una cuestión de instintos
y después no vale el perdón,
ni la súplica
y las promesas tienen tantos años
que se mueren justo antes
de nacer de mi boca.

Y a ti,
a todas ustedes,
les basta con lanzar esa frase lapidaria de
"todos los hombres son iguales"
mientras yo desde una esquina
me observo a mi mismo en los demás
y no me queda otra opción
que rezar muy bajito por la extinción absoluta de mi especie.

Eso hasta que tú apareces
vestida solamente con tu sonrisa.

Porque la única razón por la que me alegra ser un hombre,
es porque tu eres una mujer.

Y eso que haces con tu cintura
sin preguntarle a tus tobillos
que tú llamas bailar
y yo no encuentro una palabra para definirlo
eso......
es mi erotismo preferido.

Y esta canción de heavy metal
mi corazón cuando me rozas.

Y tu olor mi hambre.

Y el resto de la casa yo
si tu me nombras.

Podía haberte dicho a tiempo
que ya creía en las mitades,
antes del suicidio masivo de los peones
de este tablero imaginario
que te quería por encima del amor.

Del propio y del ajeno.
Del nuestro incluso.

Que era tuyo aún sin saberlo.

Me dices que es tarde
con boca de diez para las doce
y los alfiles olvidan como se traza una diagonal,
los caballos se mueven al surco de tus iniciales,
desbocados a besar los azulejos
del baño donde haces porno
desde la más íntima ignorancia.

Las torres se derrumban a los pies de tu indiferencia
como castillos creados de la nada
por las mentes infantiles de mi playa
y la reina se masturba en un ataque de lesbianismo
ante el botón que sostiene lo prohibido.

Pero yo creo que ya que estas aquí
deberías hacer algo inolvidable con esta noche,
quererme por ejemplo,
o besarme,
o soplar muy fuerte para ahuyentar los miedos
de perder lo que ni tengo.

Prometo hacerme el sordo mañana con el nuevo sol
cuando llames al taxi desde el pasillo
y lentamente dejes caer el rey
sobre mi vida.
En el último tambaleo.

Y digas jaque mate
de un portazo.

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