Dice que es feliz,
que lo consiguen.
Yo no me alegro.
Y seguro que él es un buen tipo
de esos que hacen el amor hasta con ropa
y que la quiere.
Y ella se deja hacer medio sumisa,
tumbada dulcemente en un colchón
comprado a doce cuotas de cariño.
El amor sin hipotecas es más frío.
Y no, no quiero que sea feliz del todo
aunque tampoco deseo que él necesite un mapa
para encontrarle el clitoris,
sin embargo si sueño que una noche cualquiera
confunda su nombre con el mío
mientras le mancha la nariz con un orgasmo.
Lo cierto es que ya nada importa.
No importa que sea mi inicial la que falte
en tu agenda telefónica
o que sea una canción la que te recuerde
que fuimos uno antes de cuatro.
Y es que hay que abandonar los aeropuertos
cuando los aviones vuelen más alto que los sueños,
dejar de esperar algún rescate
en los ojos acuáticos de la nostalgia,
huir de los recuerdos que te enjaulan
y no te dejan ver mas cielo que el que se cuelga
de la ventana de las promesas incumplidas.
Y me resulta curioso,
tú que fuiste tinta antes de amor
estés siendo asesinada sin placer
por un lapiz hecho en china.
Y que no se desangre la libreta del olvido
en cada borron que me recuerda que sonríes.
Eres solamente el garabato
del hijo precoz y deslenguado
que ya nunca tendremos.
Cada verso es otra palada de arena
en el entierro emocional de mi memoria,
ya nunca más serás poesía
ni yo feliz.
Ni el amor tendrá forma de algodón azúcar,
ni serás tan rubia como entonces,
ni el mar tan tuyo,
ni tú tan mía,
ni nada nuestro.
Y no, no quiero que seas feliz del todo,
aunque ni mis neuronas estén de luto por tu nombre....
.....tu nombre tan cansado de mi boca
evaporándose con las últimas gotas de lluvia
de esta primavera fugaz.
Y te mato, no te mueres, yo te mato.
Para que existas sin mí
y yo contigo
exista sin ti
resucitándote.
Es el poema que faltaba
el hasta nunca
de esta tumba que te guarda con cariño
en la hoja ciento diez de mis fracasos.
Y hasta pierdo en ti este minuto.
Shhhhhhhhhh.
De silencio.
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