Subo la persiana,
el cielo está indeciso.
(El gris no es un color, es una duda)
Que la violación mental no sea delito es un alivio.
Tomo café, casi negro, como mis pulmones,
en la nevera hay una nota.
"Mañana vendrá a verte la mujer de tus sueños"
Pero siempre es mañana.
Si no tienes enemigos es que no has dicho una verdad en toda tu puta vida,
si no tienes amigos es que no sabes mentir.
Creo que la culpa de esta sensibilidad que me aturde
es de las canciones infantiles que me azotaban de pequeño,
no saber si Mambrú volvió de aquella maldita guerra
y que ella, la chica de las pecas tuviera que pagar el doble
por un paseo en barca.
Las chicas bonitas lo tienen más fácil,
hasta en las canciones infantiles y por supuesto en el amor.
El amor es un perro que le mueve la cola a todo el mundo
pero se marcha con quién le lanza el corazón más cerca.
(No te fíes nunca de un hombre que tenga como mascota un gato)
Bajo la persiana.
(El negro no es un color, es un secreto)
Me tiro,
pongo una canción,
suena como si tú tuvieras la culpa de todo el desamor del universo.
Querer a una ex es ponerle rostro al odio.
La última mujer que me sorprendió nunca supe como se llamaba
pero eran veinte centímetros de sorpresa exactamente,
no sé donde mierda me dejé el orgullo aquella noche.
A la mañana siguiente me lo encontré de rodillas
vomitando en el retrete.
Y de mí y de ella ni rastro.
Y es que el maquillaje hace más milagros que ese señor con barba de la iglesia
aunque al final hasta el más ateo clame al cielo
cuando empiezan los dolores.
Y a mí lo que me duele de verdad es no dolerte.
Y no esta jaqueca de pensarte.
Un asesino de erecciones eso soy
cuando apareces por mi neurona sesenta y nueve
y se te sale una teta.
Sigo pensando que lo más excitante del desnudo
es un tirante resbalando por el hombro.
Ni me hablen de los calzones de colores.
Me estoy rompiendo los nudillos
de llamar a la puerta de la indiferencia,
a estas horas antes
venías del trabajo y recopilabas todas mis sonrisas
primero alfabéticamente,
luego por colores,
más tarde las juntabas con las tuyas,
las lanzabas al aire como si fuera una moneda
y desnudos sobre la alfombra nos la follábamos,
tu las mías y yo las tuyas.
Estabas embarazada de felicidad.
Y era risa.
No hizo falta visitar al ginecólogo.
Ahora, subo y bajo la persiana,
gris y negro,
espero,
como si hubieras escrito en la suela de tus zapatos
volveré un día de estos
y te pintaré de azul
el cielo de la boca.
Cuando toda tu vida depende de una persona
y esa persona no eres tú mismo
puedes darte por jodido.
Así estoy precisamente.
Jodido y no jodiendo.
Triste.
La tristeza es el único sentimiento más rápido que la luz.
Ahora ha cambiado su foto de perfil,
tiene los ojos mas verdes que nunca,
(el verde no es un color, es una ausencia)
está agarrada a un hombre,
uno de verdad,
de esos que no tienen enemigos,
que respetan las revisiones de los dentistas
y le crecen los pectorales a diez pesas por minuto
y mientras yo vomito una melodía enquistada en mi cerebro
mi orgullo tambaleándose hasta la cocina
arranca una nota de la nevera.
Otra vez.
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