martes, 10 de enero de 2012

No creo que nadie

No creo que nadie vaya a sentarse a mirarme por dentro y de hacerlo imagino, que
el color de mis pulmones tampoco hacen del paisaje algo hermoso. Mi corazón
es un animal de compañía que no late al uso como todos, el repite tu nombre
hasta la desesperación.

Ojalá fueras cicatriz y pasar mi dedo por encima ya no

doliera, que tuvieras forma de luna creciente, que brillaras y tu ocaso dependiera
de mis ojos. De un simple parpadeo.

No creo que nadie vaya a sentarse a mirarme por dentro, como se mira el mar
o una lluvia de estrellas, de hacerlo imagino, que intentaran coser este agujero
en mi garganta por donde me entra toda la nostalgia, o procuraran que al tocar
mi espalda las vértebras no suenen a suicidio.

Soy una canción en piano de un saxofonista borracho. Sueno a perro abandonado
en la gasolinera, más al norte de tu muslos.

No creo que nadie vaya a sentarse a mirarme por dentro, sin censurar antes mis
labios de besar orillas, mis manos de romper costuras, mi lengua de lamer miserias.

Alguien que no intente doblarme, ni haga preguntas estúpidas que necesiten a
cambio mentiras absurdas. 
Alguien que se acomode y disfrute de como puedo
beberme el odio y vomitar en la alfombra un poema de amor.
Alguien que no diga te quiero y haga del amor un puto acto cotidiano.

No creo que nadie vaya a mirarme por dentro y por si acaso ya he quitado la butaca
donde se mece el destino.

No vaya a ser que...

Te recuerde...

Y me joda.

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