martes, 7 de febrero de 2012
No reproché nada
Lo único que quiero es correr y que cualquier recuerdo de ti se asfixie junto a una alcantarilla a tres galaxias de distancia de mi vida.
Debo ser el eslabón perdido entre el mono y Adán y ella una mujer de esas a las que quieren hasta las suegras.
Por eso quizás ahora, debería arrancarme tus adjetivos con pinzas y del hilo cualquiera de tu pijama rosa colgar mi cadáver, que mi cuerpo se columpie de tu ausencia.
Que el desamor parezca un juego de niños y no el fallecimiento de un hombre. Y cuando hablo de morirme, no estoy hablando de la muerte si no de la parte de mi vida que te llevas.
Junto a mi colección de suspiros, justo al lado de mi ultima risa, en medio de aquella lágrima que se me cayó cuando llenaron a Clint Eastwood de acero en aquella película sin héroes, está tú "siempre" cubriéndose de polvo.
Y aún así todavía me emociono cuando en el espejo del baño tu nombre y un corazón crecen sobre el vaho.
Es lo mas mágico que pasa entre estas paredes, desde que hiciste clik sobre la puerta y desapareciste.
Un truco muy viejo por cierto.
Muy viejo y muy sucio.
Los dos sabíamos perfectamente, que en una relación cuanto más fuerte es el portazo, más intenso es el amor.
Pero a un clik, no hay modo alguno de agarrarse.
Los chirridos de las bisagras, son los insultos de las mujeres que ya no volverán.
Esta maldita casa tiene un eco y me duele el idioma de las puertas, como violinistas de barcos hundidos sacando a flote todas mis miserias. Y maldigo, aquellas canciones que pusiste en mi pecho antes de arrancarme el hígado a base de penúltimas copas en bares, donde los besos huelen a látex y a fracaso.
Cuando el dolor se hace rutina, el amor se evapora como lágrima en la ducha.
- Creo que te deje cagado de la cabeza, pero no fue mi intencion.
Eso dijiste.
No reproché nada, porque exactamente es lo que me ocurre.
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