martes, 27 de marzo de 2012

Ansiedad esquizofrénica

Confieso que a veces me importa más el color de tus calzones que el de tus ojos, la altura de tus tacones que la amplitud de tu sonrisa.

Sospecho que sabes que me crecen margaritas en las manos si una morena cualquiera me regala en un descuido el paisaje de un abismo en el escote.

Deducirás por los garabatos que encuentras en el folio donde se escribe mi destino que tengo cicatrices del tamaño de su nombre, que a veces bebo para olvidar que no la olvido, o que el amor cada día me resulta más un pacto que se hace por cariño, que un sentimiento que te nace desde dentro.

Quizás también a estas alturas podrías opinar que soy un mierda y estarías acertando a la primera. Que me apellido fracaso y alguna noche, en camas que no te reconocen, respondo con ladridos al deseo en medias que tú no te pondrías.

Que uso la mentira de un modo tan violento que también la verdad ya me parece fantasía. 
Que bajo esta piel de mi pecho guardo por orden afectivo los cadáveres de todas esas mujeres que al final se quedaron con el guapo.

Soy nostalgia ya ves y a veces odio, otras ni siquiera sé qué puedo ser que no sea tuyo.

Un número en tu agenda del celular, un día de tu semana más horrible. Mascota, si decides, incluso piedra,o algo que se mueva cuando hables como una marioneta o tan solo  un nombre mas en tus contactos de facebook

No sé qué puedo ser si tú no eres, ni sé qué quiero ser si no me haces.

Seguramente ignores que me sé las facciones de algunas actrices porno mejor que las mías ante la crueldad de los espejos. Que si pienso a veces en el suicidio es por las ganas de matar a mi otro yo, que la infidelidad es el camino más corto de ser fiel conmigo mismo.

No sabrás nunca en qué pienso cuando no pienso en ti, ni qué hago cuando no estoy contigo. Perderás la guerra si tu lucha es secuestrar mi poesía a punta de hasta nunca y un portazo. Hallarás mi tristeza desnuda,mi ansiedad esquizofrénica, este modo de estar solo por no tenerme, de no hablar por no escucharme. Temerás mis diez segundos de arrebato mientras busco mi dolor dentro del alma.

Seguramente no te enseñaré las cartas donde llueven palabras sobre mi ego dormido, no elegirás mi ropa y mi cuello tendrá el olor del champú que compraba mi madre. No abandonaré nunca en la botella de cerveza esta seguridad de matarme lentamente.

Así que si te quedas, si aún a pesar de esto no te marchas, es que además de estar loca como una cabra, voy a empezar a creer que me quieres.

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