lunes, 17 de diciembre de 2012
Dijiste tu nombre.
Yo nunca quise saber tu nombre
por si algún día te llamaba y no venías.
Luego lo dijiste
Como quien cose un botón,
como si en tu nombre no cupiera todo lo que eres.
Y yo que ya había perdido un verso
en el bolsillo de tu abrigo,
te regalé mi asombro.
Hablabas de las pecas de aquel pelirrojo,
que un mes te mató de amor
y al siguiente de miedo,
de los rojos aquel año en la U
en el que fuiste puta en valpo,
o de aquel profesor de literatura
que te mostró que "Lolita"
podía ser una historia verídica.
Tenían calambres en los brazos
los camareros de los bares donde bebíamos,
desde los jardines de la calle del capricho
le veíamos los calzones a la luna.
Y no, no eran blancos.
Y besarse no era el preludio de otro beso,
era el principio de un orgasmo.
Dijiste tu nombre como quien pide unas cabritas de las grandes,
antes de una película de tiros.
Como si en tu nombre
no se apretaran las letras unas con otras
para darle el significado a todo mi deseo.
Sonreíamos ante la dificultad de ponernos el pijama
si nos mirábamos a los ojos,
fingíamos la tristeza
porque en aquellos tiempos
ser feliz no estaba de moda.
Sonreír era similar
a poner una bomba en un colegio.
Nos buscábamos a oscuras en las mentiras
de aquellos niños que fuimos,
cuando el amor no era más
que pintar corazones con tiza.
Dijiste tu nombre como quien pide un refresco.
Como si en tu nombre no se atara mi vida
cada vez que te nombraba.
Luego ocurrió que el era rubio
y tenía aquel auto
y esos pómulos.
- Y en sus ojos. -Decías- el mar
está al alcance de los míos.
Y ocurrió que se llamaba Daniel,
que tocaba la guitarra
y soñaba en blanco y negro,
(como tus películas favoritas)
que tenia un jardín
y no se cuanto centímetros más que yo,
de amor erecto.
Y ocurrió que yo era yo
y eso era poco,
que la humedad de mi dormitorio
parecían graffitis del diablo
y que mis brazos no eran suficientemente largos
para rodear tu futuro.
- No es que me sobre espacio
es que me faltas tú-
Tras el teléfono tu respiración
dibujó la soledad de un hombre.
- No digas nada si vas a mentirme- te dije.
Y callaste.
Como deberías haber callado aquella tarde
en la que dijiste tu nombre
Como quien cose un botón.
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