jueves, 26 de agosto de 2010

Se desprendió de los zapatos y de las medias, era tarde, tanto, que hasta el reloj había extraviado dos horas durante la noche.
Olía a ron, a tabaco y a hombre. Se sentía sucia como cuando pequeña aún queriendo ser princesa jugaba en el barro.

Se miró al espejo y aunque sabía la respuesta le preguntó a aquella niña que llevaba dentro si esto era lo que esperaba de ella a estas alturas de la vida.
La niña que sólo había mentido aquella vez que fumó a escondidas en el baño del colegio negó rotundamente con la cabeza.

Una lágrima a velocidad prohibida cayó por su pómulo.

Esta vez sabía que no sólo iba a bastar con una ducha.

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