martes, 3 de agosto de 2010

supermercado


Se suceden la estanterías una tras otra
con etiquetas numéricas brillantes
y lo único que me interesa de todo el supermercado
no tiene precio.

Está en la caja siete,
es morena
y cada vez que sonríe
crecen cincuenta y cinco nuevas orquideas
en la sección de botánica.

Huele al perfume ese de
"si te acercas demasiado perderás el equilibrio"

Ojalá algún día me muestre
lo hermosa que puede ser si ella quiere

Apenas se maquilla,
el pelo recogido
como una de esas atletas de natación sincronizada,
ni siquiera respira,
le baila el aire.

La placa del pecho dice su nombre
aunque siempre que la miro mi cerebro lo olvida
y me pongo a jugar al gato
con las pequitas de sus pómulos.

Tengo que reconocer muy orgulloso
que no le he ganado todavía.

Hace malabarismos con las monedas
y trucos de magia con los billetes,
es licenciada en parpadeos provocadores,
anestesista en los dolores de la soledad,
miss cabello bonito del pasillo del champú,
reina del descuento de la sangre en el cerebro.

Suya, solo suya
aunque a veces
cuando se le olvida abrocharse el último botón
también es mía.
O casi.

Estoy llenando la despensa
de cosas que no me voy a comer
y creo que ella lo sabe.

Cuando habla.
Yo solo pienso.

- ¿ Quieres una bolsa caballero?

(Lo único que quiero es un beso tuyo o dos
o un millón y luego otro millón y otro
hasta no saber si tengo mi boca en tu boca
o en la mía)

- Son treintamil quinientos cincuenta
- ¿ Tienes los cincuenta?

( lo que tengo son cincuenta maneras diferentes de hacerte sonreir)

- ¿ Señor me estás oyendo?
- ¿Señor?.....
- Ah si perdone, tome.
- Hasta mañana caballero.

(Hasta mis sueños señorita)

- Chao.

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