domingo, 29 de agosto de 2010

No seré yo quien se invente
una nueva manera de gemir
pero si vienes, si me ayudas,
podemos dar un concierto asombroso
que no olviden los vecinos en sus vidas.

Y eso que no, no es tu vulva lo más bonito de ti,
de hecho seguramente sea lo menos hermoso
de ese país tuyo donde vives y resides.

Y sin embargo si me lo pidieras
me arrancaría mi ojo derecho con las manos
ese con el que no sé guiñar
por lamértelo en este preciso instante.

Y si eso haría por lo menos bonito de ti
mejor no te imagines
lo que podría llegar a hacer por tu boca.

Recuerdo aquel día en el cine de manos en los muslos,
ni idea de cómo se llamaba la película,
había una actriz rubia que besaba sin guión
y un camarero gordo con tres frases subtituladas
que no dejaba de mirar bajo tu vestido.
No sé si dejó de funcionar el aire acondicionado
o nos trajimos el sol bajo la ropa.

Y es que hace un millón de noticiarios
que no sales en la tele.
Desde aquella vez que enseñaste un pecho
en un partido de tercera
y el locutor que tenía muñeca inflable y tres hijos
no dejó de tartamudear en toda la prorroga.
Debió ser la única vez de aquella liga
en la que consiguió sonreír toda la grada.

Porque no solo yo te echo de menos,
los patos del parque
se hicieron anoréxicos cuando te fuiste,
se pusieron en huelga de bocinas
los camioneros de la avenida de la muerte
y el muñeco del paso de peatones
prefirió el daltonismo a tus ausencias.

Porque ya ni el aire tiene fuerza
para levantar una falda
si no subes tú la cuesta de mi vida.
Ni los borrachos del parque me han perdonado
que te haya sustituido en mis paseos
por mi poco armonica sombra.

Y todas estas letras, no me salvan,
al fin y al cabo no es más
que otra excusa para hacer papiroflexia.

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