lunes, 27 de diciembre de 2010

Era más bonita la muerte allí entre sus muslos que la vida allá fuera de ellos.

Ellos decían que la fidelidad era cosa de pobres
porque no tenían dinero para irse con putas.

Pero claro ellos no la veían allí acostada
con su piel haciendo juego con las sábanas
medio vestida o medio desnuda
nunca supe las verdaderas intenciones de sus ¿pijamas?

Yo tenía la certeza,
de que la diferencia entre hacer el amor y follar
residía en si uno de los dos
pedía un taxi para volver a casa
una vez terminado el acto.

Taxista es el oficio que más sabe de desamor
en este maldito país.

Por eso cuando ella me pidió que me quedara a dormir
con los pómulos recién incendiados
de mi última aventura pirotécnica
yo suspiré de alivio.

Era amor.

Aunque segundos antes nos devoráramos como animales
y lo hiciéramos en el suelo y en la mesa
y sus uñas se clavaran en mi espalda
y sus dientes en mis labios,
aunque estuvo a dos respiraciones de convertirse en asesina
y yo en el muerto con el paisaje más hermoso.

Era más bonita la muerte allí entre sus muslos
que la vida allá fuera de ellos.

Afuera un calor aberrante.
La música con ella siempre hace canciones en los tejados,
ahora suena la pista siete
del grupo ese que le gustaba tanto...
...¿como se llamaba?
Lo tengo en la punta de la lengua
pero si se lo digo me la roba
la lengua y la canción.
Y no podré decirle lo bella que está
con ese vestido escotado por la espalda.

A lo lejos una gata enferma
maulla mentiras sin pudor
y tendremos que volver al amor para callarla.

Sí, el amor, eso dije,
porque no hay un solo taxista en toda la ciudad
que sepa nada de nuestra dirección.




Feliz 2011 a todos.

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