viernes, 25 de marzo de 2011
no se cuanto tiempo te echare de menos...
Y llegué tarde a conciencia a tus besos de reloj,
perdí un lunes en el bolsillo del abrigo
y en el musical de cucharas de los bares,
observé a mujeres que soñaban ser lesbianas.
Mi universo entero cabía en una taza
y el reflejo era el yo abandonado
soplándole a un café con dos de azúcar.
Tenía ganas de morirme y no por ti
tenía ganas de vivir y no contigo.
Y porque el amor no podía caber en una posdata,
olvidé hasta los remites de tu vulva,
sabia a sexo en baños públicos la nostalgia,
a pensiones de media estrella la lujuria
y a lenguas de nicotina y vodka
el luto de los siempres prometidos.
Cada hijo que soñamos tener juntos
se va por el desagüe de la ducha
cada vez que recuerdo tus caderas.
La ausencia de columpio en mi jardín
es el fracaso del amor entre nosotros.
Y porque un charco jamás puede formar parte del mar
dejé que fuera otro sol el que se bebiera mis lágrimas.
Abrir otra puerta;
encender otro cigarro,
pedir otra copa.
Que el viento me arranque tu perfume.
Y esperar.
Esperar a que vuelvas sin ser tú
y me tomes por sorpresa sin ser yo,
que se hagan el amor nuestras palabras
en el aire como luciérnagas borrachas,
hasta que un monosílabo después de mil te quieros
gire la noria del amor hacia el principio.
Otra vez...
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