La noticia de la muerte se propago como un susurro por los puentes y los muelles vacíos en ambas orillas. También supe que llovía. Llovía sobre el cadáver. Llovía sobre los hombres con paraguas negros que a cierta distancia razonaban sobre las causas hablando de él en tercera persona.
Un bocadillo para merendar a media tarde a cambio de que me permitieran jugar al futbol.
El castigo ante todos los de clase.
Hallar el modo de meterse dentro de sus calzones rojos. Esforzarse. Esforzarse por labrarse un porvenir.
El libro con todos los interrogantes. Las libretas emborronadas con todas sus respuestas manuscritas. Salvo la de la muerte. De haber conocido de antemano como se iba a producir, su vida hubiera sido la de una flor cortada en un jarrón sin agua. Pero siempre medito acerca de ella en tercera persona. Como en la muerte ajena y no en la propia.
Se seguía sintiendo invulnerable y eterno. Debía de llover también hoy. Tendido en el suelo como un cadáver que se moja bajo la lluvia podía oler la hierba cortada y al viento rolar entre las copas.
Y es que para cuando comprendió que la vida iba en serio fue por la imposición de tener que meter a un león en su jaula.
Hay una sola vez en la vida para acometer las grandes decisiones. Después, sólo queda conformarse con dejarse llevar. Aunque por sus errores irremediables sea pisando el filo de una navaja y los pasos sonaran como si caminara sobre huevos.
Aceptar las perdidas como una responsabilidad menos. Los platos apilados en el fregadero. Que leer los libros que aún le faltan sea más imprescindible que hacer frente a las facturas. Sólo el llanto de un niño a medianoche lo devuelve a la realidad.
Inútil como la ambulancia que llega tarde. Tan inútil como los buenos deseos, los peces de colores en la pecera de cristal, un anzuelo sin cebo, que creas que has tenido un mal día, recordar al despertar lo que has soñado, el recuerdo de su padre de un niño huérfano, la rabia, que alguien te diga que no estás loco, un beso a un muerto.
Sobre todo si no eres tú y lo despides besando su frente como a una tercera persona.
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