miércoles, 23 de febrero de 2011

maldigo esta oscuridad que inventas


Estoy seguro que no tenerte en perspectiva
es lo más parecido a quedarse ciego.

Que sin ti desfilando por el blanco de mis ojos,
todo es negro.

Aunque sé que si los cierro fuerte y te pienso
aparece el azul de tu falda de vuelo
o el rosa de aquel chaleco que te regaló tu madre
cuando le prometiste al cumplir los dieciocho
que aún eras virgen.

El rojo sangre de tus zapatos más perversos
o el amarillo soleado de tu pelo.

Ha y tu pelo, nunca un olor me había excitado de esa manera.

Y Ojalá ahora fuera capaz de recordar el nombre de tu champú
me lo compraría al instante
con tal de olerte en mi mismo.

Mis ojos.
Eso le regalaría al primero
que me dijera qué llevas puesto ahora.

Aunque sé que si los cierro fuerte,
te veré con uno de esos pijamas
huérfanos de algún botón
como si el morbo contigo
siempre tuviera dedos.

O con aquel impactante sujetador naranja
cuyos tirantes siempre fueron adictos al vértigo.

Todo es eclipse desde que no estás.
Y lo confieso,
tengo miedo.

Y maldigo esta oscuridad que inventas
que es como estar de luto eternamente,
como vivir en un perpetuo parpadeo,
igual que una ceguera indefinida,
el no tenerte en el próximo horizonte.

Y ahora que seguramente estarás fingiendo el tercer orgasmo
en una cama con alergia al matrimonio,
yo solo, triste y a oscuras,
solo espero que alguien de una vez por todas
me encienda la luz.

No hay comentarios: