Los domingos son días pesados. Días que te oprimen el pecho. Nunca me ha dado por estudiar estadísticas de suicidios pero estoy seguro que los domingos se marcha mucha gente.
Incluso creo que gran parte de ellos lo hacen por amor. Yo no me mataría nunca pero reconozco que como fantasía tétrica siempre he tenido aquella de ser asesinado por una mujer. Por asfixia si puedo elegir.
Llegar al paraíso desde el paraíso. Algo así.
No puedo negar que soy algo masoquista, es evidente, disfruto cediendo el poder, el lado izquierdo de la cama, mi piel como premio al azote compulsivo, al desgarro de la ropa.
Mi mente, que deje ser mía, que se alterne con la tuya, que se haga una y esa sea dulcemente caprichosa, débilmente dolorosa y sucia, intensamente sucia.
Por eso ladro ahora creo, es domingo. Los domingos la terraza siempre parece que está a más altura y tus manos a más kilómetros y tus tacones.......
(Me vergüenza que lamer tus tacones me de placer)
Me avergüenza el espejo, creo que es más cruel que los ojos de cualquier mujer que he conocido hasta ahora. De hecho afirmo que nunca unos ojos de mujer me han parecido crueles.
Y tengo suerte, la humillación lejos de lo perverso me roba al ego hasta que el fango me cubre la nariz.
Debes creerme ser tortuga en este mundo tan fashion es una auténtica mierda.
Y yo soy tortuga mucho tiempo, a veces lo alterno con marmota. Y me duermo. Y me olvido. Y te sueño.
Hoy es domingo y juro por tus pómulos volcánicos que no tengo ganas de morirme de lo que no estoy del todo seguro es de que tú no tengas ganas de matarme.
Por asfixia por favor.
Y me masturbo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario