Otoño 2011, habitación cuarenta y cinco del hotel de mi
corazón,
alguien se debió dejar el aire condicionado puesto,
hace frío.
Afuera está nublado,
no hay un sólo meteorólogo que acierte sobre este cielo,
al menos antes eran mujeres y si se equivocaban
le dibujabas un sol entre los muslos.
Da vértigo salir a la jungla de asfalto,
ir en contra de la moda
es como llevar una kalashnikov en plena calle
todos te observan con terror.
Chica guapa se enamora de chico guapo,
chico feo escribe un poema
reventándose espinillas contra el espejo.
Y otra vez gira el mundo a la inversa
para que tú y yo siempre
estemos en el lugar equivocado.
Así funciona,
¿te acuerdas de Michelle?
después de leer el alquimista
solo creía en las señales
y una día cualquiera de lluvia
se salta un disco pare
y un camión le pasa por lo alto.
Michelle, tan linda ella,
yace ahora en una caja de galletas.
O Matilda, la dueña de la tienda de incienso,
cuarenta y cinco años esperando al hombre de su vida,
rasurando su vulva virgen hasta de su dedo meñique.
Nadie debió decirle que los milagros
no traían un pene incorporado.
Y es que el mundo es una mierda
aunque a veces,
le de por oler a chanel número cinco.
En la portada de la revista de hoy
una colombiana que baila
besa a un futbolista que corre
y de ti ni rastro.
Ni en la contraportada,
ni en las páginas intermedias.
Ni siquiera en los anuncios eróticos.
Y tú siempre eres la noticia más importante de mi vida.
Me dan pánico los hombres con paraguas
o que para hacerse famoso
baste la opción de hacerse asesino en serie.
Y la cárcel llena de hombres que no supieron amar
y la calle repleta de mujeres que no se dejan querer
y yo en terreno de nadie,
sin saber amarte,
sin querer quererte.
Y podría...
no sé si sabría...
pero podría...
intentarlo.
Debía ser hermoso todo esto
cuando el amor cabía en una carta.
Hará dos vidas que no miro en el buzón
esta que vivo ahora
y la que tú te llevaste.
A rastras,
a algún lugar que no conozco.
Y los hospitales llenos de personas agarrándose a un suspiro
y las azoteas abarrotadas esperando un suspiro que los ayude a caer.
A la inversa siempre.
La vida es una noria
que a veces se cree montaña rusa.
Y descarrila.
Yo solo quería ver otra vez el padrino
y leer a bukowski
y que de pronto sonara el timbre
y fueras tú
vestida de me voy a tragar tu tristeza de un orgasmo.
La soledad no estar solo conmigo,
la soledad es no saber con quién estás tú.
En que postura,
en que escalón del universo
perdí tu rostro.
La soledad es un domingo que se repite consecutivamente
tan cruel,
que al final llegas a amar todos los lunes.
Y Micaela que es puta
y su madre una beata brasileña,
piensa venir a verla bailar danza clásica
en un teatro lleno de abrigos y corbatas.
Y las ratas del puente del oeste
que no entendieron que aquella lata de atún
era la última cena de un abogado
que perdió el juicio con su mujer,
a sus hijos,
su casa
y ya nada más que le queda
odio.
Y una lata de atún vacía.
Y aquí yo,
en la habitación veinte de un hostal de mi alma,
otoño nublado del 2011
escribiendo un poema
y teniendo la absoluta certeza
de no poder cambiar el mundo
y esperando sin embargo que una llamada tuya
al menos consiga
cambiar el mío.
alguien se debió dejar el aire condicionado puesto,
hace frío.
Afuera está nublado,
no hay un sólo meteorólogo que acierte sobre este cielo,
al menos antes eran mujeres y si se equivocaban
le dibujabas un sol entre los muslos.
Da vértigo salir a la jungla de asfalto,
ir en contra de la moda
es como llevar una kalashnikov en plena calle
todos te observan con terror.
Chica guapa se enamora de chico guapo,
chico feo escribe un poema
reventándose espinillas contra el espejo.
Y otra vez gira el mundo a la inversa
para que tú y yo siempre
estemos en el lugar equivocado.
Así funciona,
¿te acuerdas de Michelle?
después de leer el alquimista
solo creía en las señales
y una día cualquiera de lluvia
se salta un disco pare
y un camión le pasa por lo alto.
Michelle, tan linda ella,
yace ahora en una caja de galletas.
O Matilda, la dueña de la tienda de incienso,
cuarenta y cinco años esperando al hombre de su vida,
rasurando su vulva virgen hasta de su dedo meñique.
Nadie debió decirle que los milagros
no traían un pene incorporado.
Y es que el mundo es una mierda
aunque a veces,
le de por oler a chanel número cinco.
En la portada de la revista de hoy
una colombiana que baila
besa a un futbolista que corre
y de ti ni rastro.
Ni en la contraportada,
ni en las páginas intermedias.
Ni siquiera en los anuncios eróticos.
Y tú siempre eres la noticia más importante de mi vida.
Me dan pánico los hombres con paraguas
o que para hacerse famoso
baste la opción de hacerse asesino en serie.
Y la cárcel llena de hombres que no supieron amar
y la calle repleta de mujeres que no se dejan querer
y yo en terreno de nadie,
sin saber amarte,
sin querer quererte.
Y podría...
no sé si sabría...
pero podría...
intentarlo.
Debía ser hermoso todo esto
cuando el amor cabía en una carta.
Hará dos vidas que no miro en el buzón
esta que vivo ahora
y la que tú te llevaste.
A rastras,
a algún lugar que no conozco.
Y los hospitales llenos de personas agarrándose a un suspiro
y las azoteas abarrotadas esperando un suspiro que los ayude a caer.
A la inversa siempre.
La vida es una noria
que a veces se cree montaña rusa.
Y descarrila.
Yo solo quería ver otra vez el padrino
y leer a bukowski
y que de pronto sonara el timbre
y fueras tú
vestida de me voy a tragar tu tristeza de un orgasmo.
La soledad no estar solo conmigo,
la soledad es no saber con quién estás tú.
En que postura,
en que escalón del universo
perdí tu rostro.
La soledad es un domingo que se repite consecutivamente
tan cruel,
que al final llegas a amar todos los lunes.
Y Micaela que es puta
y su madre una beata brasileña,
piensa venir a verla bailar danza clásica
en un teatro lleno de abrigos y corbatas.
Y las ratas del puente del oeste
que no entendieron que aquella lata de atún
era la última cena de un abogado
que perdió el juicio con su mujer,
a sus hijos,
su casa
y ya nada más que le queda
odio.
Y una lata de atún vacía.
Y aquí yo,
en la habitación veinte de un hostal de mi alma,
otoño nublado del 2011
escribiendo un poema
y teniendo la absoluta certeza
de no poder cambiar el mundo
y esperando sin embargo que una llamada tuya
al menos consiga
cambiar el mío.
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