domingo, 17 de noviembre de 2013

De plástico de globitos

No sé si es poesía lo que nos madruga a veces,
a ti que estás hecha de ese plástico de globitos
y a mí que me moldeo a tu antojo
por llevarle la contraria a los espejos.

No sé si regalarte mi espalda
o un verso que nos encierre en el futuro,
si rogarle claustrofobia a tus muslos
para huir de las luces de las calles.

Soy un niño con la raya en medio
que se enamora de la guapa equivocada,
mientras tú pasas por mi lado
con la boca llena de minúsculos besos
y no te veo.

Pero ahora,
quería decirte que te pareces tanto a ti misma
que ya no me acuerdo de ella.
Ni de nadie
que no seas tú.

No hay un solo maniquí en toda la ciudad
que parezca una señora,
que no te extrañe si un día
te hago un escaparate para ti sola
y les muestro a las niñitas de papá
lo que realmente significa ser mujer.

A mí no me apetece otra cosa
que ser el azul de tu acuarela,
nacer de un dibujo de tus manos
y me pongas un apodo que al oírlo
me haga hombre que te quepa en un bolsillo.

Yo te llamaré ocaso
y serás la esposa de todos los cornudos.
Y yo  tu amante.

Que no te extrañe si un día,
enfermo de narcolepsia al olor de tu almohada
o invado con cloroformo tu toalla para el pelo
y te hago el amor como si estuviéramos muertos
bostezándonos en las pesadillas que tienen otros.

Te vistes,
me aprendo los colores de tu armario
por orden cronológico del hambre,
lamerte en verde,
amarte en blanco,
hacerme rojo,
follarte.
En todos los colores.

Te vistes,
tus calzones suben apresurados a ese lugar
donde el invierno se confunde
y el mar es lengua, mi lengua.
Y si quieres también te lo regalo.

De plástico de globitos de eso estás hecha
y aprietan mis dedos por tu piel
adictos al sonido de tu cuerpo
sabiendo ambos otra vez ocaso mío
que te has vestido para nada.

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