jueves, 14 de noviembre de 2013

Puede ser que hoy por fin me salte el rojo

Quererte como movimiento literario;
pensar en la poesía como el atajo más corto a tu cerebro,
ponerle tu nombre a mis siguientes erecciones,
sábanas limpias después de cada sueño.

Colocar en doble fila los besos que te debo,
aparcar mi alma en los bordillos
de las aceras musicales de tus pies,
conducir borracho de deseo
mi futuro a tus caderas,
saltarme todas las señales que me prohiban el paso
de ser feliz contigo.

Que mi corazón está haciendo autostop
justo al borde de tu vida.

Y tú pasas de largo.

Creo que alguien debería hacer sonar la bocina
en la siguiente curva que me invita
a descarrilar mis dedos por tu piel
o voy a llegar demasiado pronto
a la cita del orgasmo.

Quererte,
para amar a los espejos,
lamer tu calzones blancos como tregua
a esta guerra de besos desatada,
invadir para que me invadas,
desertar para que me apreses,
cada poro de mi piel a tu presente.

Coloca un campo de minas en tu pecho
que hoy sólo me importa
que saltemos por los aires.

Creo que alguien debería colocar vallas publicitarias
en cada pliegue de tu piel,
que tu vientre sea un spot de crema hidratante,
que tus labios anuncien un labial de esos mágicos
cuando te da por jugar al eclipse de sol.

Puede ser que hoy por fin me salte el rojo
del semáforo de tus pómulos,
atraviese la primera carretera que pase por tu ombligo
y desde el puente de tu peca treinta y tres
salte de cabeza a tus labios mas mojados.

Y nade.

En el primer paso de peatones de tu calle estoy amor
esperando que esta vez
si me lleves por delante.

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