domingo, 20 de abril de 2014

El amor no me demostró nada.

Si acaso una vena de cartón,
una estatua ventrílocua o una corbata
empujada por el viento, poco más.

El amor no me demostró nada.

Me volvió un gato con revólver,
una cabeza rapada y un cara de desquiciado,
una maceta de lirios vulgares.

Me dejó cara de teléfono, grano
de maíz sombrío, paloma
en alas de muletas.

Me hizo peor.

Del odio no tengo queja. El odio
me vuelve tan calmo y descansado,
apenas lo pruebo como dulces de menta, cuando salgo a la calle con ganas de abrazarte
(sí, me refiero a ti, la de color verde,
no importa que seas una lechuga).

Quedate con el Amor
y las sagradas rosas de pus que luce en el culo,
que yo me quedo con el Odio.

Porque el amor tiene límites y el odio no.
El amor tiene dudas y el odio no.
El amor fracasa y el odio no.
El amor es intenso, yo también
pensaba que era más intenso....

Hasta que probé el odio

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