martes, 22 de abril de 2014

En truenos

No sé en qué noche, no se en que luna de amor
se presentó en mi casa con una máquina
para convertir las palabras en truenos.

Aunque ella dice que la inventé yo.

Nuestra máquina convertía las palabras
suaves en truenos, las palabras buenas
en truenos, las palabras de arroz sencillo
y caricias de pan caliente, en truenos.
Si yo decía o quería decir, por ejemplo,
“Eres mi dalia y corola perfecta”,
la máquina volvía esas palabras en
“Eres mi juncia negra y enferma”,
y si ella decía o me quería decir
“Solo tus ojos en mi pentagrama”,
la máquina volvía esas palabras en
“Me satura tu mirada, déjame”.

No se acababan nunca los milagros
de nuestra máquina que convertía
las palabras en truenos. Una máquina
formidable que solo pudo inventar ella.

Aunque ella dice que la inventé yo.

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