miércoles, 24 de abril de 2013
Dolor de cabeza
Anochece de golpe,
estoy cansado de fingir veranos.
- ¿ Hola como te llamas?
Un clavo no saca otro clavo
solo se mete más dentro.
Podías sonreírme así como si estuvieras a punto
de salir en una foto de boda.
Yo una vez iba a casarme,
luego recordé que el amor dura
lo que tarda una aspirina
en disolverse en el agua.
Me compré un perro.
A veces me duele la cabeza.
Hoy me duele la cabeza.
Ayer me dolía la cabeza.
Mañana me dolerá no verte en mi cama.
Luego la cabeza.
Otra vez.
Creo que pienso demasiado.
- Te ves muy bien con esos pantalones,
¿En serio, como te llamas?
- Si quieres quedamos como amigos.
Eso dijo, como si en la amistad
cupieran los besos
que quiero darle.
Como explicarle que yo solo soy amigo
de quien no me provoca atarla a mi cama.
Hace un mes que no me contesta el teléfono
se ha tomado en serio la amistad
hay que reconocerlo.
Se llama caleidoscopio,
mi perro,
le puse un nombre largo
para no tener que llamarlo.
A veces me gustan que las cosas vengan solas.
Como la lluvia.
Tampoco es que sea un imposible,
hay mujeres que por treinta lucas
se llaman como quieras toda la noche
o cinco minutos.
Depende de como la pienses.
Pero no por tener una conchita al oído
ya puedes sentir el mar.
Fingir veranos no me gusta,
imagino que las olas que borran mis huellas
lo hacen para que nadie me siga,
casi nunca voy a ninguna parte.
Aunque hubo una vez que tenía la dirección correcta
pero tome un atajo
y me perdí.
El amor hay que caminarlo despacio
si corres por llegar antes
también estarás borrando el después.
Y después del después no hay nada más
que una aspirina en un vaso de agua
y este dolor de cabeza.
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