domingo, 15 de diciembre de 2013

Magia (entrada intermedia)

A medio vestir en la terraza, nunca tuve la certeza absoluta de si mirabas el mar o era el mar quien te miraba a ti. Hubo magia aquella semana de hotel y toda la pusiste tú.
 Lo asombroso es no saber donde está el engaño, en que momento se ha metido la paloma dentro del sombrero, en que segundo la carta quedó marcada o la espada se dobla para no atravesar la piel de la señorita de la caja metálica. Contigo había magia pero sin engaño. Lo único que desaparecía del todo era mi orgullo. Contigo para asombrarse bastaba tu presencia.
 ¿ A quien le importaba donde estaba la paloma si tu tenías aquella blusa azul ,que se pegaba a la piel, como si estuviera enamorada del aroma que desprendías? Nadie preguntaría por una carta, ni por toda la baraja si te daba por cruzar las piernas cerrando toda opción de paraíso. Yo era la señorita de la caja metálica y tus parpadeos la espada que no sabía doblarse en el momento oportuno y se me clavaba en el amor cada vez que no me mirabas.
 Hubo magia aquella semana de hotel y toda la pusiste tú. Yo era el espectador atónito. El aplauso sin manos, la boca abierta. Tu la dueña de la canción del verano en un clack, clack, clack, de tus malditos zapatos rojos. Yo el hambre sin apetito si no le ponías mi nombre a los lunares de tu espalda. Tu las ganas de saltar, yo de quedarme. Tu los sueños sin abrir, yo los contigo. Tu el nada por aquí y el nada por allá, yo el todo de los todos por tu boca. Hubo magia aquella semana de hotel y lo mejor de todo es que yo, siempre me sabía los trucos.





...y aun así, no me crees si te digo que te quiero...

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