domingo, 5 de enero de 2014

Jordana (capitulo 12)

Con su impaciencia de guitarra eléctrica  

aura de suburbio Neoyorkino

tiene una hermosa nariz y con sed de tropezar

vestida para ser recuerdo

y exhibiendo en sus muñecas

las moralejas de una Gillette

se posa en mis rodillas

a contarme que de la esperanza

solo le queda el verde de su rímel,

que el amor

mejor no sentirlo

ni manufacturarlo en esta Crisis,

y que el dinero quizás de paraguas

o de arnés

por si decide vacacionar tocando fondo…

 

–Vente conmigo y te enseño a caer –digo besando su nuca.

–¿De pie…?

–A como extender la caída libre… –vuelvo a la cerveza—. El aterrizaje solo preocupa a los gatos y a la gente feliz.

 

Jordana ríe y vibra

como toda madera que se sabe muerte y música,

me pide que le mienta un rato más

(pero que omita los signos vitales de la ciudad y de ese sol que mata y saca a bailar)

hasta que las luces inteligentes nos abandonen como crucigramas

para obligarnos a retomar los guiones:

ella a las rodillas de otro

y yo

a esta caída libre que me voy improvisando

…de la que por vergüenza nunca admito

cierta preocupación gatuna

por el aterrizaje.

 
A Jordana  …hasta la próxima.

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