miércoles, 15 de enero de 2014

no olvides lavarte las manos

Apenas abro los ojos

voy al baño a lavarme las manos:

recuerdo haber degollado soles y gallos

para poder negarme a gusto,

saldado una deuda de patadas

por solidario y poético rencor,

moldeado en mentiras a esa chica

que nunca me enseño a deshojar margaritas.

Acto seguido bajo a la cocina

me hago unas tostadas de dudoso acento francés

un café sin pedigrí

y con Avishai Cohen titereteando mis dedos

me hundo otras 500 palabras

en esa novela resentida y rosa

con la que desde hace un año

me justifico la vida.



Luego salgo a la calle

a imaginar vida tras los parabrisas

a crear constelaciones sobornando palomas con migajas de pan

a estornudar oscuridad en las rompientes de los malos hábitos

a tragar cerveza y orinar horas muertas

a subirme a la grupa de una maleta

que se arrastra por instinto hasta estos zapatos

bajo los que el mundo gira

sencillamente.



Al cerrar los ojos

siempre parto con las manos sucias

para que no se me resbalen los soles, los gallos

y esos tipos a los que le rompo la cara…

también porque si alguna vez

la chica

nota las dentelladas que exhala la tinta

sabrá que aun me justifico la vida

escribiendo imposibles

como ella.

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